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Los encierros multitudinarios no son nuevos para la humanidad.

Los encierros multitudinarios no son nuevos para la humanidad. Por el contrario, pareciera que la enfermedad y las pandemias tienen una larga historia de acompañar al ser humano, como una constante en su transitar por este mundo. El Covid-19 no es el primer culpable en mantenernos en casa, y muy seguramente no será el último virus que nos obligue a guardar distancia de los demás.

Sin embargo, es una realidad que las emergencias sanitarias que se han extendido a lo largo del mundo no se han vivido de la misma manera con el paso de los siglos. Por el contrario, sin el apoyo de los desarrollos médicos con los que contamos hoy, la gente padecía de otras problemáticas que hoy escasamente conocemos. Éstas son algunas de ellas:

Sana distancia

A pesar de desconocer los protocolos de seguridad sanitaria con los que contamos hoy, las personas entendían lo suficientemente bien que para contraer enfermedades infecciosas había que protegerse. Incluso desde entonces, el mejor método era el aislamiento colectivo.

Existen registros históricos que dan cuenta de cómo las masas debían de guardar encierro desde casa, o que debían de trasladarse a un entorno más seguro para evitar las concentraciones importantes de personas en las ciudades grandes. De esta manera, decidían viajar a entornos rurales para ganar cierto terreno sobre el brote epidémico en cuestión.

Cuarentenas auto-impuestas

Es bien sabido que, durante los días de la Peste Negra, el Papa Clemente IV se encerró a sí mismo en un cuarto de su casa en Avignon. Para evitar el contacto con otras personas, y para purificarse de los males que podría traerle la enfermedad, se ubicó a sí mismo entre dos piras de fuego, que ardían día y noche sin descanso.

De la misma manera, puso a trabajar a astrólogos y médicos —quienes, en el momento, eran considerados estudiosos de ciencias duras en la misma categoría— por igual para rastrear los orígenes de la enfermedad y así terminar de una vez con las pandemias. Para aliviar las almas de las personas, por el poder que le otorgaba su institución, declaró que quienes murieran como víctimas de la peste serían perdonados por sus pecados.

Edificios municipales para infectados

El Estado se tomó en serio las pandemias en el pasado. Era una práctica común que, durante la Edad Media e incluso, hasta el siglo XIX, los gobiernos municipales instituyeran un edificio a las afueras de las ciudades grandes para que las personas infectadas pasaran sus cuarentenas, alejados de la población “sana”.

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Durante la época, recibieron diversos nombres: cobertizos de fiebre, casas de lazar, casas de plagas. Quizá uno de los más famosos fue el de Bristol, durante el siglo XVII, cuya casa de plagas recibió el nombre de “Forlorn Hope“: Esperanza Desesperada, por su traducción del inglés.

Aislamiento para inspiración

A pesar de que los encierros colectivos fueron un golpe duro para las clases menos acomodadas de la escala social, para aquellos que podían estar cerca de los círculos en el poder las pandemias sirvieron como un pretexto para producir grandes obras de arte. Tal es el caso de William Shakespeare y Giovanni Boccaccio, íconos de la literatura renacentista.

En el caso de Shakespeare, la peste fue una constante de vida. Fue común que diversos de sus teatros cerraran a raíz de brotes epidémicos, y que temporadas enteras de presentaciones tuvieran que cancelarse. Entre estos periodos de inactividad, dedicó sus días a producir Macbeth, King Lear y Anthony & Cleopatra, algunas de sus obras más trágicas.

El caso de Boccaccio no es distinto. Por el contrario, durante alguno de los momentos más crudos de la peste bubónica produjo el Decameron: un compendio histórico de cómo se vivió en diversos estratos de la sociedad la pandemia. El argumento está basado en un grupo de jóvenes que se reúnen en la catedral de Florencia para emprender un éxodo de la ciudad: necesitan huir de la peste.

Entre historias de pérdida, amores y tragedias, la obra de Boccaccio mira los acontecimientos de la pandemia que le tocó vivir con zozobra. Si cambiáramos algunos términos, los relatos ahí contenidos podrían imitar algo similar a lo que el coronavirus ha traído sobre el planeta en esta ocasión.

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