¿Quiénes eran y qué hacían las “Adelitas”?

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Entrenamiento militar en Ario de Rosales, Michoacán en 1914. Foto: Sinafo-INAH, núm. de inventario 63945.

Además de hombres fuertes y sanos, durante la época de la Revolución Mexicana, que se inició el 20 de noviembre de 1910, algunas mujeres formaron un papel muy importante para el desarrollo del conflicto armado. A ellas se les conoció como las “Adelitas”. A continuación te contamos quiénes eran, cuáles eran sus funciones y cómo surgieron.

El papel de las “Adelitas”, también conocidas como “Soldaderas”, era diverso; realmente, muy pocas mujeres eran combatientes; es decir, que estaban con fusiles en mano y le “entraban” al fuego cruzado. Sin embargo, en algunos estados se formaron clubes en los que las mujeres sí tenían un adiestramiento con armas.

Además de las armas, el trabajo que las “Adelitas” también realizaba tenía que ver con el trabajo doméstico, la enfermería y la cocina, que era esencial para el funcionamiento de los pelotones, puesto que la cantidad de personas a las que tenían que atender era mucha.

Está documentado que, a veces, las mujeres tenían que cocinar mientras el tren paraba para poder asegurar que se tendría comida todo el tiempo.

Soldaderas preparan comida en el techo de un vagón de tren. Foto: Sinafo-inah, núm. de inventario 6388.

¿Quién fue la primera “Adelita”?
La primera “Adelita” fue Adela Velarde Pérez. Nació en el año 1900 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Fue hija de una familia adinerada; sin embargo, desde adolescente, a la edad de 15 años, encontró que su vocación era la medicina y ayudar a las personas.

Para 1915, a cinco años de haber iniciado la Revolución Mexicana, se integró a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca y creó el grupo revolucionario “Las Adelitas”, cuya principal actividad era curar a los hombres heridos durante combates.

Sin embargo, a Adela no se le supo reconocer su trabajo ni como enfermera ni “soldadera“, a pesar de que estuvo en el campo de guerra acompañando a los hombres.

Muchos años después, en 1962, solo se le reconoció como una veterana más de la Revolución y por su oposición al Gobierno de Victoriano Huerta como presidente de la República entre 1913 y 1915. Archivos históricos refieren que murió en completa miseria en Estados Unidos a la edad de 71 años.