Premio literario con nombre de mujer

Este año, el Premio Princesa de Asturias fue otorgado a Frederique Audoin-Rouzeu, es el primero para Francia.

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El Premio Princesa de Asturias de las Letras concedido a la escritora Frederique Audoin-Rouzeu, que publica con el seudónimo Fred Vargas, permite superar la ausencia de la literatura francesa en la nómina de galardonados en sus XXXVIII ediciones en las que la autora distinguida hoy se convierte en la séptima mujer premiada.

Los entonces Premios Príncipe de Asturias nacieron en 1981 circunscritos al ámbito hispanoamericano y, seis años después, comenzaron a internacionalizarse en sus distintas categorías aunque, en el caso del galardón de las Letras, los sucesivos jurados se “resistieron” a ese proceso hasta 1999 para premiar a Günter Grass.

Grass sigue siendo el único autor en lengua alemana de una relación de premiados a la que se incorporaron después los estadounidenses Arthur Miller, Paul Auster, Philip Roth y Richard Ford, el italiano Claudio Magris, el israelí Amos Oz, el albanés Ismaíl Kadaré, el libanés Amin Maalouf, el canadiense Leonard Cohen y el polaco Adam Zagajewski.

De esa relación forman parte también la autora británica Doris Lessing, la marroquí Faema Mernissi, la estadounidense Susan Sontag, la brasileña Nélida Piñón y la canadiense Margaret Atwoood que, unidas a Carmen Martín Gaite -la primera mujer galardonada en 1988 de forma compartida con José Ángel Valente- convierten a Vargas en la séptima autora que obtiene el premio desde 1981.

El premio de las Letras ha sido el quinto en fallarse en esta edición tras los concedidos a los alpinistas Reinhold Messner y Krzysztof Welicki (Deportes), Martin Scorsese (Artes), Alma Guillermoprieto (Comunicación y Humanidades) y Amref Health África (Cooperación Internacional).

Los ocho Premios Princesa de Asturias están dotados con la reproducción de una escultura diseñada por Joan Miró, 50.000 euros (58.935 dólares) , un diploma y una insignia acreditativa.

Algunos libros…

Cuando sale la reclusa
Integrada dentro de la serie del comisario Jean-Baptiste Adamsberg, es una de sus novelas más arriesgadas. En esta entrega, el comisario comienza a investigar un atropello que parece un asesinato, pero, al mismo tiempo, se encuentra con una noticia que despierta su interés: el fallecimiento de dos ancianos a causa de una plaga de arañas reclusas.

Que se levanten los muertos
Se trata del primer libro de su anterior serie policial, titulada «Los tres evangelistas». En ella, asistimos a diferentes intrigas que han de ser resueltas tres jóvenes historiadores en paro. En esta novela de la serie, tienen que resolver un misterio con cierto toque poético: la aparición, de un día para otro, de un árbol en un jardín.

El hombre de los círculos azules
Se trata de la primera novela de la serie del comisario Adamsberg, que se publicó en Francia en 1991 y no llegó a España hasta 2005 de la mano de Siruela. Esta novela también se abre con un misterio, por así decirlo, visual: cada día, París amanece con círculos azules pintados con tiza en el suelo. Y, en el centro de ellos, objetos perdidos, desechos: un trombón, una bombilla, un yogur… Lo que parece un hecho anodino termina convirtiéndose en tragedia.

El hombre del revés
En esta novela, también de la serie del comisario Adamsberg, una localidad vive atemorizada por un sangriento asesino, del que empiezan a dudar si se trata de un hombre normal y corriente o un hombre lobo. Es una de las señas de identidad de la autora: el misterio fundido con la fantasía.