CDMX. Durante su “Mañanera del Pueblo”, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum alzó la voz y dijo lo que nadie se atrevía a decir: en México la seguridad nacional no se negocia en lo oscurito ni se entrega a una embajada extranjera.
El gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri invitó al embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, a poner la primera piedra de una academia internacional para combatir a la delincuencia organizada. Sin invitar a la Secretaría de la Defensa, sin avisar al Gabinete de Seguridad Federal, sin pasar por la Cancillería. Como si Querétaro fuera un país aparte y Washington su aliado natural.
¿Delincuencia organizada, delitos federales, en una academia estatal con un embajador extranjero? ¿Sin permiso de México? Sheinbaum lo exhibió con elegancia, con firmeza y con toda la autoridad presidencial: eso no es normal y no debe normalizarse.
Tiene razón. La Ley es clara. Todo lo que tenga que ver con capacitación en seguridad con agencias extranjeras debe pasar por la Secretaría de Relaciones Exteriores y por la Ley de Seguridad Nacional. No es un capricho, es soberanía. Es la Constitución.
Y lo hizo sin romper, sin gritar, con diplomacia pero sin sumisión. Reconoció que hay buena relación con el embajador y que ha ayudado en temas bilaterales, pero marcó la raya: la buena relación no es subordinación, es institucionalidad.