CAMPECHE, CAMP. La paradoja del campo chenero se volvió tragedia en cuestión de horas. Durante meses, los agricultores clamaron por precipitaciones ante la severa sequía que amenazaba con dejarlos sin siembra; sin embargo, cuando el agua por fin llegó a la junta municipal de Yaxché Akal, lo hizo convertida en un desastre destructivo. Una feroz tormenta con intensos vientos azotó la zona desde las cinco de la tarde hasta cerca de la medianoche, transformando los campos de cultivo en caudalosas lagunas y dejando a la comunidad sumida en una crisis económica sin precedentes.
Ante esto, el Comisario ejidal, Luciano Dzib Aké, lamentó que el saldo en el área mecanizada es desgarrador, al menos 160 hectáreas de maíz destruidas por completo. El caudal acumulado, que alcanzó entre un metro y metro y medio de altura, derribó los tallos y los dejó tendidos bajo el barro. A diferencia de las plantas jóvenes que pueden levantarse tras una tormenta, el cultivo se encontraba en plena etapa de crecimiento y espigamiento.
Con un costo de producción que roba los 12 mil pesos por hectárea solo a labores de rastreo, semillas e insumos agrícolas, sin contabilizar la mano de obra invertida—, las pérdidas acumuladas ascienden a 1 millón 920 mil pesos. Con la milpa doblada y anegada, el junto a otros agricultores locales confirmaron que se trata de un siniestro total e irrecuperable. El impacto financiero asesta un golpe devastador al sustento de entre 50 y 60 familias de pequeños productores.
SIN DRENAJE EL AGUA NO DA TREGUA
La furia del agua no se limitó a los terrenos agrícolas, sino que irrumpió directamente en la comunidad. Las corrientes anegaron patios y penetraron en decenas de viviendas, obligando a las familias a intentar poner a salvo sus pertenencias en medio de la oscuridad. La falta de infraestructura de desagüe agravó la acumulación del líquido, extendiendo la afectación no solo al ejido, sino también a productores de asentamientos vecinos.
Mientras limpian los caños con sus herramientas para permitir que el agua empiece a filtrarse, los campesinos exigen a las autoridades municipales y estatales la construcción urgente de un sistema de drenaje pluvial eficaz, infraestructura indispensable para evitar que precipitaciones atípicas vuelvan a inundar el poblado.