CAMPECHE, CAMP. Un silencio sepulcral, interrumpido solo por el crujido dela madera vieja y el tráfico de la calle 10, envuelve hoy a la Iglesia de San Roque, conocida popularmente como San Francisquito. La joya del arte sacro colonial, que ha resistido piratas y el paso del tiempo desde el siglo XVII, hoy se encuentra clausurada y bajo amenaza de colapso.
El desprendimiento de mampostería en su puerta principal obligó a las autoridades eclesiásticas y al INAH a colocar cintas amarillas de peligro y puntales de madera de emergencia; un “parche” que evidencia el grave abandono estructural de un patrimonio que, de colapsar, se llevaría consigo cinco de los retablos barrocos más valiosos del sureste mexicano.
Por pura fortuna, el derrumbe de las piedras ocurrió mientras el templo estaba cerrado, evitando una tragedia humana en una de las zonas más transitadas del Centro Histórico. Sin embargo, para los campechanos que caminan diariamente esquivando la señalización de seguridad, el diagnóstico es claro, la historia de la ciudad se está cayendo a pedazos.
UN RESCATE DE EMERGENCIA
Los habitantes de la zona ya habían advertido los primeros indicios del deterioro días atrás. Los gruesos muros de cantera y sahcab, que por siglos parecieron indestructibles con sus sólidos contrafuertes franciscanos, cedieron ante la falta de mantenimiento oportuno.
Actualmente, especialistas analizan a contrarreloj la estabilidad de los muros cercanos al acceso principal para determinar si el templo requiere una intervención mayor o si el daño es irreversible. Mientras tanto, el perímetro permanece restringido bajo la sombra de la incertidumbre.
El verdadero drama de San Francisquito no es solo la fachada apuntalada, sino lo que la estructura protege en su interior. A diferencia de su sobrio exterior, esta iglesia es un cofre que resguarda un patrimonio invaluable.
TESORO OCULTO TRAS MUROS DE PIEDRA
Desde cinco retablos barrocos únicos, las cuales son de las pocas piezas coloniales originales de los siglos XVII y XVIII que sobreviven intactas en todo Campeche, decoradas con majestuosas columnas salomónicas. El templo es un símbolo vivo del esfuerzo local y hoy su estructura está conectada al antiguo hospicio y convento franciscano, que hoy da vida al Centro Cultural El Claustro, el corazón cultural de la ciudad.
San Francisquito no es una iglesia más; es uno de los poquísimos templos en el Centro Histórico que aún conserva su arte sacro original. Un colapso no solo destruiría un techo de rollizos, borraría de golpe tres siglos de historia artística que no se pueden reconstruir. Para muchos al día de hoy, este sitio sigue siendo un punto de reunión, un referente visual y orgullo identitario. Hoy, la comunidad observa con desconfianza los puntales de madera que sostienen la entrada principal, cuestionando por qué se tuvo que llegar al extremo de un desprendimiento para voltear a ver el monumento. Hasta nuevo aviso, las campanas de la espadaña n