La musa de Hemingway

Una amistad entrañable que tuvo que cortarse.

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En abril de 1956, cuando Ernest Hemingway tendría 56 años, recibió una carta que marcó el fin de una relación entrañable.

Adriana Ivancich, una joven italiana de 30 años, escribió al autor de El viejo y el mar que era imposible seguirse escribiendo, porque el hombre con el que se casaría no quería que continuara la correspondencia que había entre ellos.

Este episodio será abordado por Andrea di Robilant en “Autumn in Venice: Ernest Hemingway and his Last Muse (Otoño en Venecia: Ernest Hemingway y su última musa)”, libro que explorará la apasionada amistad y recogerá correspondencia que nunca se había publicado.

“Esto me ha hecho sufrir… y siempre me hará sentir triste… He intentado todo (tú sabes cuánto te amo…). Ni lágrimas ni palabras podrían cambiar su forma de pensar… Nunca pensé que podría haber un adiós entre tú y yo”, escribió la joven en la misiva.

El periódico The Guardian recordó que desde hace años se ha especulado si eran amantes Hemingway e Ivancich, quienes se conocieron en 1948.

Di Robilant consideró que más que un amor pasajero se trató de una amistad que impulsó los poderes creativos de Hemingway.

“Te extraño mucho. A veces es tan malo que no puedo soportarlo”, escribió Hemingway en otra carta que nunca se ha publicado.