CAMPECHE, CAMP. Con una sonrisa en el rostro y el orgullo a flor de piel, cientos de familias seguirán encendiendo los hornos pues la cocinada tradicional del pibipollo no solo lo hacen durante el 1 y 2 de noviembre, sino también para celebrar el “Bix”.
En la cosmovisión maya, esto representa el mágico ritual de despedida para que las ánimas emprendan su viaje de regreso en paz, por lo que muchos campechanos no les importa el gasto para mantener viva esta tradición.
Según la tradición maya y el sincretismo católico, las ánimas permanecen entre los vivos durante todo el mes de noviembre. Ocho días después de la fiesta principal de Hanal Pixán (hacia el 9 u 10 de noviembre) se realiza una primera novena o “ochavario”, pero el ciclo completo de la estancia de las almas culmina formalmente al finalizar el mes.
Lejos de verlo como una carga, los campechanos asumen el gasto de la temporada con alegría y devoción que puede superar los 350 a 450 pesos por un pibipollo, o más de 2 mil pesos si cocinan entre 4 a 7 piezas para compartir con la familia o amigos. Convencidos de que rendir tributo a sus fieles difuntos es una prioridad del corazón, el presupuesto pasa a segundo plano, porque la tradición no tiene precio y el “Bix” se vive también en Tenabo, Hecelchakán, Dzitbalché, Calkiní.
SABORES TAMBIÉN IMPULSAN VENTAS
Para prepararlo, los hogares no escatiman en calidad ni en cariño, entre el kilo de cerdo en 140 pesos, el kilo de pollo a 50 o entero a 245 pesos, manteca a 70, masa fresca a 36 y hojas de plátano 30, la inversión vale la pena. Se trata de un esfuerzo monetario consciente que los ciudadanos realizan con entusiasmo para cumplirle a quienes ya no están.
Sin contar las flores ni las veladoras, entre panes o dulces tradicionales. Para la comunidad esta suma no representa un problema sino una inversión en amor, memoria y convivencia. En las calles y redes sociales, la alta demanda de pibipollos preparados —que van desde los 400 hasta los 1,100 pesos— demuestra que el deseo de saborear este platillo ceremonial está más fuerte que nunca.
Pese a los costos, familias señalan que la elaboración es una vez al año, por lo que este momento se convierte en una verdadera fiesta de convivencia donde abuelos, padres y nietos trabajan hombro a hombro, cooperan dinero para hacer menos el golpe a bolsillos. Unos para economizar entierran este alimento donde participan todos, mientras otros lo hacen en hornos en estufas.