La sede nacional del PRI no fue escenario de un encuentro histórico ni de una gran alianza por México. Fue el escenario de la desesperación.
Vicente Fox, el expresidente que hace más de dos décadas prometió cambiar al país, cruzó la puerta del tricolor para reunirse con Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas y con los coordinadores parlamentarios Rubén Moreira y Manuel Añorve.
Lo acompañaron varios políticos del grupo “Alma de México”, nombres que hoy representan más nostalgia que proyecto.
No hubo ideología. No hubo propuesta de país. Solo el cálculo frío de dos partidos que, después de años de desgaste, corrupción y derrotas, se aferran a lo único que les queda: el registro.
“Alito” Moreno salió a redes con el discurso de siempre: “sumar fuerzas por México”, “defender instituciones” y “construir acuerdos”. Palabras vacías que ya nadie cree. En realidad, lo que se discutió fue cómo sobrevivir. Cómo evitar que el PRI y el PAN sigan perdiendo terreno y, sobre todo, cómo mantener el privilegio de aparecer en la boleta electoral de 2027.
La reunión ocurre justo cuando arranca el periodo de sesiones en el Congreso. PRI y PAN no preparan una oposición de principios; preparan una oposición de supervivencia. Se opondrán a las reformas de la presidenta Claudia Sheinbaum no porque tengan un proyecto alternativo, sino porque necesitan seguir existiendo políticamente.
Fox, quien llegó al poder con la bandera del cambio, hoy presta su figura a un partido que él mismo combatió. El PAN, por su parte, acepta el abrazo del PRI sin importar las contradicciones. Ya no hay colores ni doctrinas. Solo el miedo compartido a quedarse sin registro, sin privilegios y sin relevancia.
“Alito” Moreno cerró el encuentro con la frase que resume la tragedia de ambas formaciones:
“Cuando el país está por delante, sumar siempre será el camino”.
La realidad es otra: cuando el registro está en peligro, todo se vale. Incluso abrazar al adversario de ayer y fingir que todavía existe un proyecto de oposición.