CDMX. No hay eufemismos posibles. Lo que Claudia Sheinbaum dijo sobre Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, es una declaración de guerra política sin anestesia. Y tiene toda la razón.
La presidenta no solo reprobó que el dirigente nacional del PRI ande de gira por Estados Unidos. Lo llamó, sin rodeos, “entreguista” y “traidor”. Y explicó por qué: porque en lugar de estar en México defendiendo una propuesta para el pueblo, se la pasa dando entrevistas en el extranjero, criticando al país y contratando consultoras estadounidenses.
“¿Qué ofrecen al pueblo de México? Le ofrecen lo que los conservadores en el siglo XIX: traer a un príncipe, a un monarca a gobernar México”, lanzó Sheinbaum con esa contundencia que ya se le reconoce.
El fondo del asunto es todavía más grave. Dirigentes de partidos que deberían ser mexicanos están entregados al extranjero. Prefieren pagar a consultores de fuera antes que a académicos mexicanos. Prefieren hablar mal de su país en foros ajenos antes que construir apoyo real aquí. Y, como bien dijo la presidenta, se han quedado muy solos. El pueblo de México es demasiado inteligente para comprar ese discurso de renuncia a la soberanía.
Sheinbaum fue más allá: ordenó, en los hechos, que el Instituto Nacional Electoral revise en su área de financiamiento si el contrato de Moreno con esa consultora estadounidense es legal. Porque no se trata solo de una ocurrencia personal: se trata de si un dirigente partidista puede, con recursos o sin ellos, ponerse al servicio de intereses externos mientras pretende representar a los mexicanos.
Y aquí viene la verdad que incomoda al conservadurismo reciclado: aunque PRI y PAN digan estar separados, son el mismo PRIAN. No hay diferencia de fondo. Son la continuidad de esa vieja élite que, cuando pierde el poder, busca afuera lo que ya no encuentra adentro. Creen que yéndose al extranjero van a resolver sus problemas internos. Se equivocan. La lección de Sheinbaum es clara y debería quedar grabada: para garantizar independencia y soberanía hay que pensar y actuar con el pueblo, con principios, con honestidad y con amor a la patria. No con consultoras gringas ni con discursos de renuncia histórica.