CAMPECHE, CAMP. Mientras el palo tinto, de tinte, también conocido como palo de Campeche (Haematoxylum campechianum) sostenía amplia demanda global para colorear textiles, científicos encerrados en laboratorios alemanes e ingleses lograron lo que ningún ejército pudo; perfeccionar y borrar de un plumazo la industria más lucrativa de Campeche. A finales del siglo XIX, la invención de la anilina sintética y los colorantes artificiales baratosa partir del alquitrán de hulla desplomó a cero la demanda internacional de palo de tinte.
Las anilinas artificiales resulta ron ser infinitamente más baratas, estables y rápidas de producir haciendo obsoleto el costoso y lento viaje transatlántico del pesado producto campechano.
Según el investigador Alcocer Bernés, de la noche a la mañana, el “oro rojo” dejó de importarse en Europa, sentenciando a la quiebra y al abandono a los monumentales imperios feudales de Champotón y la península, justo cuando se encontraban en su máximo esplendor. Lo mismo ocurriría con el desarrollo de los plásticos respecto al henequén y con la industria hulera de importancia peninsular.
SELVA YA NO PUDO SOSTENER EL ORO
Extraer el colorante natural (hematoxilina) requería talar el árbol en la densa selva, limpiarlo para dejar únicamente el corazón del tronco y transportarlo a lomos de mula o en barcazas por los ríos hasta el puerto de Champotón o la capital.

