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30 mayo, 2026

TORMENTA

Campeche

TORMENTA SEPULTA PATRIMONIO DE FAMILIAS

CAMPECHE, CAMP. Menos de 120 minutos bastaron para transformar la cotidianidad de la comunidad de San Antonio Bobolá en una pesadilla de lodo, pérdidas y desesperación. Las recientes lluvias y ráfagas de viento que azotaron la región el pasado lunes y miércoles desnudaron la vulnerabilidad de decenas de familias que hoy se encuentran sumidas en la incertidumbre.

El saldo es devastador: techos arrancados, cultivos destrozados, animales domésticos perdidos y viviendas inundadas configuran el calvario de un pueblo que siente que lo ha perdido todo y donde la ayuda gubernamental apenas llega a cuentagotas.

A la entrada de la comunidad, el panorama es desolador. El drama se ensañó con una familia de cinco integrantes cuya vivienda —compuesta por cinco cuartos de 4×4 metros— quedó prácticamente inhabitable; dos de las habitaciones perdieron por completo sus láminas, dejando colchones inservibles, ropa empapada y muebles de madera totalmente arruinados por el agua.

En las calles vecinas, la furia de la naturaleza no fue menor, árboles de plátano, zapote, mangos y papayas yacen quebrados sobre el suelo, mientras que motocicletas y bicicletas terminaron aplastadas bajo el peso de los troncos caídos, y los huertos, cocinas y gallineros comunitarios quedaron reducidos a escombros.

ECO DE TERROR SUME A FAMILIAS

Don Cristóbal Pérez, un adulto mayor que comparte un cuartito de 5×6 metros —junto a sus dos hermanos también ancianos, revivió el horror de ver cómo un árbol enorme aplastaba la moto de un pariente y la bicicleta de su sobrina, dejándolos además con los colchones inundados.

A unos metros, don Félix Alvarado contempla la fragilidad de su hogar de láminas y bloques de 4×4 metros en un terreno prestado por su hermana, agradeciendo de milagro la supervivencia de sus polluelos, mientras Irene Collí relata cómo el viento arrancó el techo de su cuarto, obligándola a resguardarse con sus hijos y su madre debajo de la cama mientras la barda de su propiedad cedía y quedaba de lado.

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La tragedia se multiplica en cada esquina. Ciudadanos como Uriel Ríos, Claudia Santos y Ricardo Pérez coinciden en el dolor de ver sus refrigeradores, muebles y ropa flotando en el agua, con la única esperanza de recibir despensas para subsistir.

Asimismo, vecinos como Aurelio Vázquez se han visto obligados a tomar las herramientas para cortar los árboles de plátano que obstruyen los caminos; Elvira Collí lamenta cómo el viento dobló la pared del cuarto que usa su hijo cuando va de visita; Fabiola Aguirre llora la pérdida de su vivero; Eric Chan se ve forzado a hacinarse con su familia en el cuarto de su abuela; Gabriel Méndez evalúa el quebrando financiero de su huerto y Noemí Cámara narra el pánico de abrazar a sus tres hijos mientras su cocina y gallinero se despedazaban.

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