CAMPECHE, CAMP. Mientras la Secretaría de Inclusión toca puertas con un proyecto integral bajo el brazo, en el Palacio Municipal las propuestas sobre accesibilidad parecen perderse en el vacío. El Centro Histórico, joya del patrimonio mundial, continúa siendo un laberinto excluyente donde, a pesar de los esfuerzos técnicos por adecuar calles como la “Calle Onda” o la 63, la falta de voluntad del Ayuntamiento mantiene a los ciudadanos con discapacidad en un estado de confinamiento urbano.
El problema no es la falta de conocimiento técnico, sino la parálisis institucional. Ana Mex Soberanis, titular de la Secretaría de Inclusión, ha sido clara al señalar el camino, existe un proyecto integral de adecuación que requiere, de manera urgente, la voluntad del municipio para avanzar.
La funcionaria ha detallado que el esquema de trabajo implica una coordinación necesaria entre el INAH, la autoridad del Patrimonio, el Colegio de Arquitectos y, fundamentalmente del Ayuntamiento. Es en la ventanilla municipal donde se define el destino de las licencias y permisos para transformar las banquetas intransitables en senderos dignos.
Sin embargo, a pesar de que la Secretaría de Inclusión ha mantenido un acercamiento constante y propositivo, la respuesta ha sido el silencio. La insistencia por destrabar estas obras choca contra una pared de desinterés municipal, dejando claro que, aun cuando existen los planes y la ruta técnica para hacer un Campeche incluyente, la gestión actual no ha mostrado la voluntad política necesaria para priorizar el derecho a la movilidad de los sectores vulnerables.
Para Mex Soberanis, la inclusión es un concepto amplio que abarca tanto la infraestructura como la sensibilización ciudadana —capacitación en Lengua de Señas y asistencia para personas con discapacidad visual—, pero estos esfuerzos se ven truncados cuando el entorno físico sigue siendo una barrera hostil.

