CAMPECHE, CAMP. El desplome del avión de la Marina en Galveston, Texas, dejó una estela de dolor que atraviesa fronteras. Entre las cinco víctimas del siniestro estaba el doctor Juan Alfonso Adame González, originario de Tomatlán, Jalisco, y quien trabajaba en el Hospital Agustín O’Horán de Mérida, Yucatán.
Su nombre empezó a circular apenas se confirmaron las identidades, pero su historia no tardó en revelarse, murió cumpliendo su vocación, acompañando al menor escarceguense que sería trasladado para recibir atención especializada por quemaduras en el 40% de su cuerpo.
El médico viajaba como parte de una misión de apoyo médico coordinada entre la Secretaría de Marina y la Fundación Michou y Mau, conocida por su labor con pacientes pediátricos quemados. Su presencia en el vuelo no era casual, los traslados de alto riesgo requieren personal capacitado, y Adame González aceptó la misión como parte de su compromiso profesional.
El viaje, que ya había llegado a Galveston, terminó en tragedia después de que la aeronave perdiera comunicación con la torre de control diez minutos antes de estrellarse. Familiares y colegas del doctor han comenzado a recordarlo públicamente como un hombre joven, dedicado y profundamente entregado a la atención médica.
En el O’Horán, donde había construido su trayectoria, lo describen como alguien generoso, responsable y dispuesto a asumir labores difíciles cuando más se necesitaba. La misión a Texas era una muestra más de ese sentido de servicio.

