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7 octubre, 2026

CASONAS

Campeche

CASONAS ANTIGUAS COMIENZAN A COLAPSAR

CAMPECHE, CAMP. Muros agrietados que no soportan más el abandono y techos que terminan cediendo sobre las aceras. La desidia de los propietarios que dejan en el olvido sus viviendas antiguas ha comenzado a pasar factura en Campeche, las casonas abandonadas están empezando a colapsar una a una, transformando las calles en un peligro constante para quienes caminan por ellas diariamente.

El caso más reciente ocurrió sobre la calle 10 del barrio de San Francisco, donde el techo de una vivienda deshabitada se vino abajo a causa del deterioro acumulado y las intensas lluvias. Por fortuna, ningún peatón transitaba por el lugar en ese momento. Elementos del Departamento de Bomberos acudieron de emergencia para acordonar el sitio y evitar que la gente se acerque, a la espera de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia evalúe el desastre.

Este derrumbe expone la raíz del problema, la falta de mantenimiento por parte de dueños negligentes. Tanto las autoridades de antropología como las de patrimonio cultural confirman que existen más de 50 inmuebles en riesgo severo de colapso, no solo en el Centro Histórico, sino en barrios tradicionales como San Francisco. Aunque la ley establece con claridad que la responsabilidad de conservar las fachadas y estructuras recae en los propietarios particulares, la realidad es que muchos abandonan las casas a su suerte, argumentando trabas burocráticas o falta de dinero, dejando que el tiempo y la humedad destruyan lo que ellos no quieren reparar.

EDIFICIOS VIEJOS SON UN RIESGO

El peligro se ha vuelto recurrente en las arterias principales de la ciudad. Hace apenas unas semanas, el desprendimiento de una marquesina sobre la calle 57 encendió las alarmas de los transeúntes, evento al que le siguió, a los pocos días, el desplome de otra estructura colonial en venta sobre la calle 63. Estos hechos se suman a episodios aún más graves, como el colapso registrado tiempo atrás a unos metros del Parque Principal, donde la fachada entera de un inmueble abandonado cedió violentamente tras las lluvias y aplastó dos vehículos estacionados.

La inacción de los particulares no solo destruye el valor histórico de la ciudad, sino que traslada el riesgo directamente a las familias, trabajadores y automovilistas que circulan por la zona. Mientras los inmuebles siguen deshabitados y sin intervenciones preventivas, la acumulación de agua durante las temporadas de lluvias acelera el colapso de mamposterías y techos de vigas viejas, convirtiendo fachadas enteras en trampas mortales a la espera del próximo deslave de piedras.

Mientras los dueños se desentienden de sus propiedades y evitan invertir en su mantenimiento, el deterioro de la arquitectura tradicional parece no tener freno. Hoy, los vecinos de los barrios históricos caminan con la mirada fija en las alturas, con la amarga certeza de que no es cuestión de si volverá a caer otra estructura abandonada, sino de cuándo ocurrirá y si la suerte alcanzará para evitar pérdidas humanas.

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