CAMPECHE, CAMP. Mientras las nubes cargadas del periodo de lluvias amenazan nuevamente con desbordar los caudales del sur, en los márgenes del Río Palizada el panorama desafía a la historia. Históricamente castigada por inundaciones repentinas que sepultaban cosechas y viviendas, la región vive hoy bajo una tregua insólita, los niveles de agua se mantienen bajo control absoluto gracias al desazolve ejecutada hace dos años que hoy demuestra ser la verdadera barrera de contención entre la tranquilidad comunitaria y la catástrofe.
El nivel normal del río Palizada se sitúa alrededor de los 4.30 metros sobre el nivel del mar. El alcalde Pedro Ayala Cámara confirmó que dicha obra, coordinada en su momento por la Secretaría de Marina y la Comisión Nacional del Agua (Conagua), removió toneladas de sedimento acumulado que durante décadas convirtieron al río en un embudo mortal.
“Hoy, ante las intensas precipitaciones estacionales, ese cauce liberado funciona como una red de alivio hidráulico que traga el flujo pluvial y lo desplaza sin encontrar los taponamientos que en el pasado arrasaban con todo a su paso”, señaló.
RÍO BAJO CONTROL
El impacto de este escudo preventivo se percibe con mayor fuerza en las siete a ocho localidades asentadas en las zonas más profundas y vulnerables de la cuenca. En estos puntos críticos, donde la llegada de la lluvia significaba históricamente empacar pertenencias y preparar evacuaciones de emergencia, los pobladores registran niveles del afluente sorprendentemente estables, comprobando que la infraestructura oculta bajo el fango sigue manteniendo todo en control.
Pese a la persistencia de las tormentas, el caudal no ha generado riesgos operativos ni ha rebasado los márgenes de seguridad. El presidente municipal remarcó que esta capacidad de contención es el resultado directo de la intervención ejecutada años atrás, una maniobra estratégica que logró anticiparse a la furia de los temporales actuales y cambiar radicalmente el comportamiento del afluente.
La resistencia del cauce limpio no solo frena el impacto directo del agua sobre las viviendas, sino que detiene en seco una segunda amenaza latente: los brotes sanitarios. El flujo continuo de las corrientes ha evitado el estancamiento prolongado de agua en zonas habitadas. Mientras que brigadas de vigilancia mantienen un monitoreo permanente sobre los puntos bajos de la ribera.