MÉXICO- La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo lo dijo claro, sin rodeos y con datos que ya reconoce el propio gobierno de Estados Unidos. El tráfico de fentanilo de México hacia Estados Unidos se ha reducido en más del 70 por ciento. No es un discurso, es un resultado. Es el fruto de una estrategia de seguridad seria, coordinada y con inteligencia, que por fin pone al Estado por encima de las complicidades del pasado.
Mientras otros administraron la crisis, la mandataria federal, enfrenta. Gracias a los operativos del lado mexicano de la frontera, a la desarticulación de laboratorios, al aseguramiento récord de precursores y al golpe directo a las finanzas del crimen organizado, México está haciendo su parte y con creces. Washington lo reconoce porque los números no mienten.
Y la presidenta fue más allá, con la valentía que exige el momento. Puso sobre la mesa la verdad incómoda que muchos callaban: la droga no solo cruza, se distribuye masivamente dentro de Estados Unidos y hasta se produce allá. Hay metanfetamina hecha en suelo estadounidense. Tanto, que hasta le hicieron una serie de televisión. Decirlo es romper con la hipocresía de décadas y exigir corresponsabilidad real.
Esa es la diferencia de Claudia Sheinbaum. No pide permiso para defender a México, no se dobla y no permite que se culpe a nuestro país de una crisis de consumo y distribución que es binacional. Su política es de soberanía, resultados y cero impunidad.
La reducción del tráfico no es casualidad. Es liderazgo. Es la prueba de que cuando hay presidenta con carácter, estrategia y amor por México, el país sí avanza y Estados Unidos tiene que reconocerlo.