MÉXICO- El retiro de visas estadounidenses se ha convertido en una de las herramientas más ágiles, precisas y profundamente personales de la administración Trump para afianzar su control sobre América Latina. Así lo documenta un reportaje publicado este domingo por The New York Times, firmado por Emiliano Rodríguez Mega, Emma Bubola, David Bolaños y Gabriel Labrador.
Según el diario, Washington ha utilizado su política de visados para perseguir diversos objetivos: reemplazar la influencia de China en la región y penalizar a quienes cuestionan sus políticas. Lo que antes servía para prevenir amenazas a la seguridad, combatir la corrupción o defender instituciones democráticas, se ha transformado —de acuerdo con expertos citados— en un verdadero arma bajo el actual Departamento de Estado.
El gobierno estadounidense ha revocado visados a líderes extranjeros, embajadores, funcionarios, jueces y periodistas, mientras que, de manera discreta, ha restablecido permisos de viaje a algunos aliados afines.
Describe un abanico de tácticas agresivas desplegadas en toda la región: aranceles paralizantes, sanciones económicas, ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, injerencia en elecciones extranjeras e incluso la captura del presidente de un país en su propia capital.
Pero destaca que una de las herramientas más efectivas es el visado estadounidense, por su carácter personal e inmediato.
El texto arranca con un caso revelador ocurrido en Chile. Cuando funcionarios de ese país firmaron la autorización para un cable submarino de 12 mil millas que conectaría el territorio chileno con Hong Kong —un proyecto que, según ellos, impulsaría la conectividad nacional e incluso llegaría a la remota Isla de Pascua—, el entusiasmo se desvaneció el mismo día.
Un alto funcionario de la Embajada de Estados Unidos en Santiago se reunió con Guillermo Petersen, entonces jefe de gabinete del Ministerio de Telecomunicaciones. Según el propio Petersen, el diplomático estadounidense advirtió que el proyecto aumentaría el riesgo de ciberataques chinos y que, de seguirse adelante, Estados Unidos impondría una prohibición de viaje no solo a los funcionarios involucrados, sino también a sus cónyuges e hijos.
La reunión duró apenas seis minutos. Bastó para que el gobierno chileno suspendiera el proyecto. Claudio Araya, entonces subsecretario de Telecomunicaciones, lo resumió sin rodeos ante los reporteros del Times: “Básicamente fue una amenaza”.
Curiosamente, el reportaje del New York Times no menciona en absoluto el caso de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo retiro de visa generó amplio revuelo en México. De hecho, el texto ni siquiera cita a México.
En el contexto nacional, el tema cobró especial relevancia precisamente por ese episodio. Tras conocerse la medida, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, publicó un mensaje críptico y burlón en redes sociales: “¿Estás disfrutando el espectáculo? Rellena tus palomitas… te encantará la siguiente parte”.
El reportaje del “Times” confirma, con ejemplos concretos de la región, que el uso punitivo de las visas no es un hecho aislado, sino una estrategia deliberada y regional del Departamento de Estado.