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15 junio, 2026

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TRUMP CUMPLE 80 AÑOS, CRECE SU EGOCENTRISMO

MÉXICO.- Donald Trump llega a su octogésimo cumpleaños convertido en un hombre que ya no distingue entre el cargo presidencial y su propia marca personal. Lo que antes era un negocio de bienes raíces y licencias ahora es política de Estado: El presidente parece decidido a que su nombre quede grabado en todo lo que Estados Unidos representa, desde sus edificios hasta sus billetes,  pasando por sus símbolos de paz y cultura.

La lista ya suma al menos 12 iniciativas oficiales o en proceso para inmortalizar su figura: el Donald J. Trump U.S. Institute of Peace, el intento de renombrar el Kennedy Center como The Donald J. Trump and John F. Kennedy Memorial Center, buques de guerra clase Trump, la Trump Gold Card migratoria, monedas conmemorativas, billetes de 250 dólares con su firma, pasaportes especiales con su rostro, pases de parques nacionales junto a George Washington, pancartas en edificios federales, TrumpIRA.gov, Trump Accounts y TrumpRx.gov.

Es un nivel de autopromoción que ni los presidentes más egocéntricos del siglo XX se permitieron. Trump no solo quiere gobernar; aspira a convertirse en marca indeleble de la nación.

DE EMPRESARIO A EMPERADOR DE SU IMAGEN

Antes de regresar a la Casa Blanca, Trump ya había comercializado su apellido en todo lo imaginable: torres, hoteles, casinos, vodka, agua, bifes, fragancias y hasta una “universidad” que terminó en escándalo. Ahora, con el poder del Estado a su disposición, esa ambición se ha multiplicado. Ya no se conforma con vender productos; quiere que el propio gobierno de Estados Unidos venda su imagen.

El caso más simbólico es el del Instituto de Paz. El Departamento de Estado, bajo Marco Rubio, cambió el nombre del edificio argumentando que “Trump será recordado por la historia como el presidente de la paz”. La ironía es tan grande que duele.

Mientras tanto, en el Kennedy Center —creado como memorial vivo de John F. Kennedy—, una junta nombrada por Trump votó por incluir su nombre, desatando acusaciones de ilegalidad por parte de demócratas y la propia familia Kennedy.

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DUDAS CRECIENTES SOBRE SU SALUD

Mientras Trump exige pleitesía constante y celebra su cumpleaños rodeado de alabanzas, crecen las preguntas incómodas sobre su estado físico y mental.

La Casa Blanca las descarta de inmediato, como si cuestionar la salud del presidente de 80 años fuera un ataque inaceptable en lugar de una legítima preocupación nacional.

La obsesión por ser alabado y eternizado revela más que simple vanidad. Muestra a un hombre consciente de su mortalidad que intenta combatirla a base de decretos, renombramientos y propaganda oficial.

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