CAMPECHE, CAMP. A un año y seis meses de aquel colapso que sacudió la vida comunitaria de Calkiní el 29 de diciembre de 2024, la parroquia de San Luis Obispo vive un momento crucial en su reconstrucción.
Tras meses de intensos trabajos, la primera fase de rescate ya concluyó con éxito, dejando un saldo a favor en la estabilidad del inmueble y abriendo paso al reto más grande, levantar de nuevo 19 metros lineales de techo.
Con una inversión inicial de 5 millones de pesos siendo la fase 1, los equipos especializados del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Diócesis concretaron las labores más urgentes de contención y resguardo. Ahora viene la fase 2, que apenas está en definición presupuestal, será la reconstrucción mayor, por lo que ya se gestiona la conciliación del monto con la aseguradora y el área de Servicios Materiales del INAH, estimando un monto igual o superior.
“El edificio está estable, no corre ningún riesgo porque las misas se siguen haciendo en los patios, pero sí tenemos todavía que hacer el trabajo mayor, que es la restitución de la bóveda, todo el techo de un total de 19 metros”, explicó Adriana Velázquez Morlet, titular del Centro INAH Campeche.
PATRIMONO SE LEVANTA POCO A POCO
Aunque las intenciones iniciales apuntaban a concluir a mediados de 2026, la complejidad técnica de los daños detectados ha extendido la intervención durante todo este año. Sin embargo, el panorama dentro del santuario es hoy radicalmente distinto al del día del derrumbe, el edificio está firme, despejado y fuera de peligro.
Hasta ahora, los trabajos están avanzando, se resguardó de forma segura el retablo principal y más de 10 joyas iconográficas que albergaba el recinto, ya se construyó la bóveda interior en la zona del coro para asegurar la estabilidad estructural del acceso y se retiró la totalidad de los escombros acumulados tras el colapso, dejando la nave principal despejada.
La segunda etapa del proyecto es la más determinante. Para devolverle su fisonomía original al templo de San Luis Obispo, los técnicos deben reconstruir desde cero la bóveda colapsada. Mientras los trámites financieros avanzan, la comunidad parroquial mantiene su vida comunitaria en los patios del templo, a la intemperie, pero con la tranquilidad de estar en un espacio seguro.
Como parte del mismo programa de conservación que encabeza el INAH en coordinación con los párrocos locales, otras iglesias de la entidad reciben atención preventiva. Esto como San Francisquito y San Roque, donde se trabaja en la sustitución de vigas desgastadas y San Juan de Dios, donde el proyecto contempla la intervención de su cúpula, actualmente a la espera de la conciliación de fondos con la aseguradora correspondientes a su póliza.
El tiempo corre, pero en Calkiní la fe y la memoria no se rinden. Entre andamios y el murmullo de las oraciones al aire libre, la comunidad aguarda el arranque de esa segunda etapa crucial que le devolverá la cubierta a San Luis Obispo. No se trata solo de pegar piedras o colar cemento, sino de sanar una herida de 19 metros en el corazón del municipio para garantizar que este templo centenario siga de pie, seguro y majestuoso, resguardando la identidad de los calkinienses.

