CDMX Nueva Jersey fue testigo de una noche que ya pertenece a la eternidad del fútbol. Tras 125 minutos de batalla incansable, España venció 1-0 a Argentina y levantó su segunda Copa del Mundo, reviviendo la magia de Sudáfrica 2010.
Desde el primer minuto, España impuso su identidad con posesión paciente, presión alta y un fútbol de toques precisos que asfixiaba al rival. Pedri y Dani Olmo tejían la red en el medio, Lamine Yamal y Nico Williams desequilibraban por las bandas como relámpagos, y Rodri era el gran director de orquesta, el corazón y el cerebro de la Roja. Luis de la Fuente había preparado un equipo maduro, valiente y letal.
Argentina, la campeona defensora, decepcionó. No fue la selección aguerrida, intensa y combativa que el mundo esperaba. Sufrió como nunca. Lionel Scaloni vio cómo su defensa se desmoronaba por lesiones: dos centrales se fueron lesionados y Nicolás Otamendi tuvo que entrar a apagar incendios.
Peor aún, la expulsión de Enzo Fernández dejó a la Albiceleste con diez hombres durante el tiempo extra. La campeona se convirtió en un fortín que solo resistía.
Y allí apareció el gran héroe argentino de la noche: Emiliano “Dibu” Martínez. El portero realizó paradas que rozaron lo milagroso. Le negó el gol a Olmo, a Yamal, a Torres, a Williams… Cada remate español parecía destinado a ser detenido por sus manos gigantes.
En la última jugada del tiempo reglamentario, Lamine Yamal cobró un tiro libre exquisito que llevaba destino de gol. El Dibu voló y, con una estirada antológica, mandó el balón al córner. El MetLife estalló. Argentina respiraba.
Pero las historias de fútbol más bellas premian a quien insiste.

