CDMX.- En un clásico movimiento que huele a viejo PRI, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) decidió pasar de las quejas a la amenaza abierta.
El 1 de agosto se perfila como la fecha límite: o Petróleos Mexicanos y el Gobierno Federal ceden a su extenso pliego petitorio, o México enfrentará un paro nacional en la industria petrolera.
No se trata solo de un aumento salarial. El STPRM, bajo la batuta de Ricardo Aldana, exige solución inmediata a: agua potable, sanitarios dignos, equipo de protección, ropa de trabajo, medicamentos, créditos hipotecarios pendientes y la reparación de instalaciones que, según ellos, se encuentran en estado deplorable.
Fuentes cercanas al sindicato confirman lo que ya era un rumor incómodo: Aldana ha sostenido reuniones recientes con Alejandro “Alito” Moreno, presidente nacional del PRI.
El “porrismo” prianista, ese viejo estilo de presión corporativa que tanto daño le hizo al país, parece estar buscando un retorno triunfal al sector energético.
Cabe destacar que, el sindicato más poderoso de América Latina no solo negocia condiciones laborales; manda un mensaje político de porrismo al estilo prianista.
La región más sensible es Ciudad del Carmen, donde las secciones 42 y 47 concentran miles de trabajadores clave para las operaciones costa afuera en el Golfo de México.
Un paro ahí no solo detendría refinerías y ductos, sino que golpearía directamente la producción y la estabilidad energética nacional.
Es legítimo que los trabajadores exijan mejores condiciones. Pero también es cierto que el STPRM no llega con las manos limpias a esta negociación. Su historial de opacidad, privilegios y resistencia a la modernización del sector es bien conocido.
Lo preocupante no es solo la amenaza de huelga. Lo preocupante es el regreso de las viejas prácticas: el dirigente sindical dialogando con el líder del partido que gobernó México durante más de 70 años, justo cuando el gobierno actual intenta mantener el control de la paraestatal.

