CAMPECHE. En un golpe que sacude la política campechana, la gobernadora Layda Sansores rompió el silencio y expresó con dolor y firmeza lo que muchos ya sospechaban: se siente traicionada por su propio sobrino, quien decidió lanzarse como candidato del PT a la gubernatura de Campeche, rompiendo la lealtad familiar y los acuerdos políticos.
“Me siento traicionada”, fueron las palabras contundentes de la mandataria, quien no dudó en dejar claro que no respalda ni avala la postulación de su familiar.
Layda Sansores, una de las mujeres más fuertes, valientes y consecuentes de la Cuarta Transformación, ha demostrado una vez más que para ella los principios y el proyecto de nación están por encima de cualquier interés familiar.
No está dispuesta a tolerar que la ambición personal de su sobrino ponga en riesgo la unidad y la continuidad de la transformación en Campeche. Esta no es una simple diferencia familiar. Es un asunto de lealtad al movimiento, de respeto a los procesos internos y de disciplina política. Layda ha construido una gestión reconocida por su cercanía con la gente, su combate a la corrupción y su defensa de los intereses de Campeche.
Ver a un familiar cercano intentando aprovechar el apellido y el legado para saltarse los acuerdos naturales del movimiento representa, sin duda, una profunda decepción.
Con la claridad y la fuerza que la caracterizan, la gobernadora ha puesto un alto rotundo. Su mensaje es claro: en la Cuarta Transformación no se vale todo, ni siquiera la sangre. El proyecto está primero, la lealtad al pueblo y al Presidente López Obrador está primero, y la coherencia política está primero.
Layda Sansores no se doblega. Ni ante presiones externas ni ante traiciones internas. Su liderazgo firme, su honestidad brutal y su compromiso inquebrantable con Campeche la consolidan como una de las figuras más importantes de Morena y de la transformación nacional.
Campeche necesita continuidad de la buena, de la honesta y de la transformadora. Y Layda Sansores, como siempre, está dispuesta a dar la batalla por su estado, aunque tenga que enfrentar dolores personales.