CAMPECHE, CAMP. “Cada bordado nace de su talento y de su corazón”. Con esa frase se sintetiza la revelación que sorprendió a propios y extraños tras las miradas puestas en el atuendo utilizado durante el 5.º Informe de Gobierno en Campeche. Detrás del vestido con complejas manchas de jaguar que lució la gobernadora Layda Sansores no había una firma de alta costura ni un patrón trazado en papel: solo la memoria, el pulso y la intuición de Deysi, una artesana maya que borda directamente sobre la tela, sin dibujo previo.
El dato impacto que da vida a esta historia no es la pasarela política, sino el método: en un pequeño poblado del municipio de Hopelchén, las creaciones más elaboradas nacen completamente “a ciegas”, guiadas únicamente por la sensibilidad de sus creadoras.
Para la mirada externa, la precisión geométrica de las manchas de jaguar en una prenda requeriría horas de diseño técnico, medidas exactas y plantillas. Sin embargo, en el taller de Deysi no existe nada de eso. La gobernadora Sansores lo destacó al presentar el origen de la prenda: “Lo más admirable es que no parte de un dibujo ni de un diseño: cada bordado nace de su talento y de su corazón. Lo tienen en la piel”.
Esa capacidad de traducir un sentimiento y una figura ancestral directamente al hilo y la aguja no es fruto del azar, sino de una vida dedicada al oficio.
“Desde la edad de 15 años empecé. Como se dice, en Ukum mayormente todas las mujeres somos artesanas. En todas las casas hay una máquina, una o dos máquinas… y un artista”, relató Deysi al hablar del origen de su trabajo.
UN ARTE QUE PALPITA EN CADA HOGAR DE UKUM
El testimonio de Deysi pone en evidencia que el “bordar con el corazón” es un pulso colectivo. En Ukum, la artesanía no es un adorno folclórico para la foto oficial; es la identidad y el sustento diario. El traqueteo de las máquinas en las casas de Hopelchén marca el ritmo de una tradición viva donde cada prenda es irrepetible, justamente porque no sigue un molde industrial, sino la inspiración del momento de quien la cose.