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19 junio, 2026

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El zócalo reventó

CDMX. El reloj apenas marcaba las 15:00 horas y el Zócalo ya era un mar tricolor. Ni un alma más cabía. La plancha del Centro Histórico, que suele recibir a 100 mil personas, se declaró saturada tres horas antes del silbatazo inicial.

EL ÉXODO VERDE

Desde Pino Suárez, 20 de Noviembre y Madero, ríos de camisetas del Tri desembocaban sin freno. Familias completas, grupos de amigos, abuelos con nietos. Todos con la misma consigna: Ver al equipo nacional en pantalla gigante. A las 3:15, Protección Civil cerró los accesos. “Ya no entra nadie más”, se escuchaba en los altavoces mientras la multitud coreaba “Sí se puede”.

El termómetro marcaba 28 grados, pero en el Zócalo se sentían 40. El sudor, las banderas y el olor a tacos de canasta se mezclaban con el Cielito Lindo que no paró de sonar. Vendedores de matracas hicieron su agosto. Niños en hombros, caras pintadas y la Catedral Metropolitana como testigo de una locura colectiva.

LA EXPLOSIÓN

Cuando cayó el primer gol, el Zócalo literalmente se cimbró. Gritos, abrazos entre desconocidos, lágrimas. Las cámaras de los celulares apuntaron al cielo y el “México, México” retumbó hasta Bellas Artes. Los policías en el perímetro dejaron de contener y se unieron al festejo.

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