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4 junio, 2026

Layda Sansores

Campeche

“PACTO PENINSULAR” BUSCA REVIVIR EL TRUEQUE MAYA

CAMPECHE, CAMP. Con un discurso cargado de poesía, apelaciones divinas y un marcado tono emocional, la gobernadora, Layda Sansores, rompió el protocolo técnico de la Expo K’íiwik: Feria Turística del Mundo Maya. Ante sus homólogos de Yucatán y Quintana Roo, Joaquín Díaz Mena y Mara Lezama, afirmó que la unificación turística de la península no es solo una estrategia económica, sino un destino “escrito en el oráculo de los dioses y en la corteza de la ceiba milenaria”, lanzando un anzuelo lírico para captar la atención de inversionistas y gobernantes en el arranque de este encuentro regional.

Sin embargo, el núcleo de su mensaje fue la defensa de la identidad peninsular. “Sí, soy Layda, soy maya, pero soy peninsular. Eso no se me olvida”, lanzó, buscando borrar las fronteras políticas que históricamente han fragmentado la promoción turística del sureste. “Cuando habla uno del mundo maya, es recordar ese corazón que todavía late en nuestras venas agitadas… es una cultura que jamás moriría”.

Al definir el evento no como una simple expocomercial, sino como una “fiesta de la osadía y el talento”, la mandataria campechana busca posicionar la identidad indígena como el principal motor de atracción económica para el sureste, intentando que los reflectores apunten a las raíces culturales compartidas por Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

El momento cumbre de la jornada ocurrió cuando Sansores tomó el micrófono. Tras esto optó por la narrativa del afecto y la complicidad política. De entrada, bromeó con “secuestrar” a la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez, llamándola  “hermana”, y describió de forma peculiar al gobernador yucateco, Joaquín Díaz Mena, como un hombre “que canta aunque esté en silencio; canta con los ojos, canta con el alma”.

Al final, la gobernadora calificó el encuentro como un acto de amor y un privilegio divino. No obstante, detrás de la retórica del “oráculo de los dioses”, el verdadero desafío que quedó flotando en el ambiente de la Expo K’íiwik es netamente terrenal, lograr que ese misticismo que Sansores describe con pasión se transforme en contratos reales para los artesanos y comunidades indígenas que, lejos de los discursos y los abrazos oficiales, siguen esperando que los beneficios del turismo internacional toquen sus bolsillos.

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