CAMPECHE, CAMP. Bajo el eco de las bóvedas de la Parroquia Catedral, entre el olor a incienso y la mirada expectante de cientos de fieles, la Diócesis de Campeche ha dado un giro histórico. Este 1 de mayo, José Alberto González Juárez no solo pronunció una oración; selló un pacto de hierro. Al jurar como el decimoquinto obispo de Campeche, no solo rezó: lanzó un plan de choque. Su promesa es clara limpiar la casa, vigilar las carteras y someter la disciplina interna a un orden que no aceptará “experimentos”.
González Juárez ha dejado de lado el tono pasivo para adoptar el de un ejecutor. Su misión, según sus propias palabras de compromiso, es asegurar que la Diócesis de Campeche funcione como una maquinaria bien aceitada. No viene a observar, viene a intervenir en los puntos donde la institución suele ser más opaca, la administración del dinero y la conducta del clero.
El gancho de su mensaje fue la advertencia directa hacia el interior de las parroquias. El Obispo fue tajante al señalar que se mantendrá “siempre vigilante para que no se introduzcan malos usos”, tanto en la predicación como en la administración de los sacramentos. Esto marca un antes y un después, pues se acabó la autonomía de “usos y costumbres” que no se alineen con la norma estricta del Vaticano.
En un acto de transparencia que sacudió a los presentes, González Juárez puso el dedo en la llaga financiera. Prometió una “buena administración de los bienes temporales”, asegurando que cuidará con lupa el dinero destinado a las obras de caridad y al sostenimiento de los ministros. No es una promesa menor; es el compromiso de un administrador que sabe que la confianza de los fieles se recupera con cuentas claras.
Finalmente, Monseñor selló su compromiso con una obediencia absoluta al Papa, pero con una mano firme hacia sus subordinados. Prometió vigilar que el “depósito de la fe” se mantenga puro, sin alteraciones. En resumen, González Juárez se presentó ante Campeche no solo como un guía de almas, sino como un interventor decidido a que la Iglesia local rinda cuentas, se discipline y deje de lado los descuidos del pasado.
“Así Dios me ayude”, concluyó, dejando en claro que la vigilancia ha comenzado.

