CAMPECHE, CAMP. No fue un evento protocolario más; fue una marea humana. El Foro Ah Kim Pech dejó de ser un recinto de espectáculos para convertirse en el epicentro de la fe del sureste mexicano. En un hecho sin precedentes, el Cristo Negro de San Román y la Virgen del Carmen salieron de sus santuarios para escoltar el inicio del ministerio de Monseñor José Alberto Rosales Páez, quien ya es oficialmente el XV Obispo de Campeche.
Así lo sentenció el Padre Marcos Cohuó al dar la bienvenida al nuevo pastor, reiterando que tendrá una misión “comprometida con la construcción de una sociedad más justa y fraterna”. El momento cumbre ocurrió cuando el Arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, entregó oficialmente el báculo pastoral a Rosales Páez, sellando su autoridad sobre la tierra campechana.
La escena fue vibrante. Miles de fieles, desde monaguillos entusiasmados hasta monjas de comunidades lejanas y alumnos de colegios como el Miguel Hidalgo y el Cumbres, transformaron el recinto en un mosaico de vítores y oraciones.
UNA MISIÓN MÁS ALLÁ DEL ALTAR
El mensaje del Padre Marcos Cohuó resonó con fuerza, marcando la pauta de lo que el pueblo espera de su nuevo guía: una Iglesia que no se esconda en las sacristías, sino que se ensucie las manos en la “construcción de una sociedad más justa y fraterna”.
“Que el Señor de San Román sostenga su misión y la Virgen del Carmen lo acompañe siempre”, sentenció Cohuó ante una multitud que respondió con un estruendoso aplauso que silenciaba el calor sofocante del puerto.
La toma de posesión canónica de Monseñor José Alberto González Juárez estuvo arropada por una amplia representación del episcopado mexicano, reflejando la relevancia del momento para la Iglesia en la región.
Entre los asistentes destacaron Monseñor Gerardo de Jesús Rojas López, obispo de Tabasco; Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán; Monseñor José Luis Canto Sosa, de San Andrés Tuxtla; así como prelados de distintas diócesis del país como Tehuantepec, Tehuacán, Tlaxcala y Puerto Escondido.
También acudieron obispos auxiliares de Puebla, Oaxaca y Yucatán, además de Monseñor Andrea Giovita, secretario de la Nunciatura Apostólica en México, y representantes del clero como el padre Ángel Gerardo Estrella Torres, conformando un acompañamiento eclesiástico que dio solemnidad y respaldo al inicio del nuevo ministerio pastoral en Campeche.
EL RUGIDO DEL AH KIM PECH
Más allá de los nombres de Monseñores, como los llamó el Padre Cohuó, el impacto real estuvo en la gente. Las comunidades parroquiales y los colegios diocesanos crearon una atmósfera de gozo que, custodiada por las imágenes sagradas de la región, recordó que la Iglesia en Campeche busca una renovación.

