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28 abril, 2026

Monseñor

Campeche

De ingeniero agrónomo a Sembrador de esperanza

TUXTEPEC, OAX.- Monseñor José González Juárez no siempre llevó la mitra y el báculo. De joven, en su natal Chiapas, su mirada estaba puesta en los surcos de la tierra y en los libros de ciencias; su sueño era convertirse en ingeniero agrónomo para sacar adelante a su familia tras la muerte de su padre. Sin embargo, justo cuando se preparaba para cultivar el campo chiapaneco, recibió un “llamado” que cambió el rumbo de su historia: Dios no lo quería para sembrar semillas en la tierra, sino para sembrar esperanza en el corazón de las personas.

Hoy, con esa misma sencillez de quien fue jornalero y vendedor ambulante, se prepara para asumir como nuevo Obispo de Campeche. Tras 11 años de labor pastoral en Tuxtepec, Oaxaca, Monseñor llegará a la Península con la sorpresa de quien vuelve a empezar de cero, pero con la fortaleza de haber vivido “al día”.

Su historia es la de una fe forjada en la necesidad material y el amor de una madre que nunca le dijo “no” a su vocación. Con un enfoque centrado en la cercanía y la escucha, el obispo electo busca integrar su pasado campesino con la rica herencia maya y los desafíos modernos de Campeche, prometiendo una Iglesia que ofrezca un “trato de hermano” a todos.

-¿Cómo era usted antes de pensar en ser sacerdote?
“Era un muchacho normal, estaba estudiando, quería ser ingeniero agrónomo porque quería ayudar a mi familia. Pero todo cambió cuando el Señor me llamó, tenía 27 años cuando me ordenaron”

“Empecé mi vida como acompañante de seminaristas, estudié filosofía en México y regresé como catedrático hasta llegar a ser rector del seminario de Tuxtla”

-¿De dónde viene y qué recuerdos de su infancia lo marcaron más?
“Vengo de un pueblo de campesinos que se llama El Parral en Chiapas. Me marcaron los valores propios de la familia. Mi padre murió cuando tenía 11 años y mi madre nos sacaba adelante a todos, no teníamos recursos vivíamos al día. El aprender eso me ayudó a comprender la realidad de todas las personas que están luchando”

-¿Cuáles fueron sus primeros trabajos?
“Yo fui ambulante, fui campesino, fui jornalero, trabajé en una tienda. No es motivo de tristeza, al contrario, es alegría porque precisamente formó mi corazón para poder acercarme a las personas”

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-¿Su familia apoyó desde el inicio su vocación?
“Si mamá siempre respeto lo que yo quería, si hubo dudas en mi vocación de mi parte, pero eso es normal cuando alguien está discerniendo un camino tan importante. Hubo momentos en los cuales uno dice “pues yo no soy de aquí, ya me voy, yo no quiero esto”

“Pero de repente uno ora, lee la palabra de Dios y experimenta el llamado. No hay que tenerles miedo a las dudas, hay que tener miedo a quedarnos en ellas”

-¿Qué aspectos de la iglesia en Campeche le llama la atención?
“Bueno, somos del sur, compartimos algunas cosas, ciertamente hay diferencias. Lo que me ha llamado en un primer momento es la riqueza étnica, plural que hay, los distintos pueblos que conforman la realidad de la Diócesis de Campeche. Oaxaca y la ciudad amurallada en eso se parecen, en sus culturas y la devoción de los fieles”

-¿Qué ejes pastorales priorizará en la Diócesis?
“No tengo personalmente una propuesta, solo este gran camino que nos ha dejado el Papa Francisco de la iglesia sinodal, una iglesia que sabe escuchar, que se acerca y que discierne junto, que escucha la voz de todos y que pide la participación del pueblo de Dios”

“Y el otro aspecto que pienso yo que hoy se nos pide como elemento de testimonio pues es una iglesia que sale al encuentro del sufrimiento, del dolor, de la necesidad, una iglesia samaritana, una iglesia que sabe acoger, que sabe atender las grandes situaciones sociales”

-En Tuxtepec trabajó con comunidades indígenas y rurales, ¿cómo piensa adaptar esa experiencia al contexto de Campeche?
“No soy completamente de un pueblo indígena, pero al venir aquí a Oaxaca pude comprender y valorar la riqueza que lega la cultura, valores tan grandes como la familia, el sentido comunitario, el respeto a los mayores y eso me dará soporte para poder acercarme a campechanos”

-¿Cómo planea llegar a los jóvenes y familias campechanas?
“Una de las líneas magistrales del trabajo es evangelizar, sembrar siempre el Evangelio. Considero que los jóvenes, como las familias, están sedientas de tener presente en sus vidas esa bendición. Sobre todo, en la juventud, acercarnos a ellos, dialogar mucho, tomarlos en cuenta”

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-¿Qué rol dará a laicos, religiosos y clero?
“Todos en el pueblo de Dios tienen la misma dignidad desde el bautismo. A los laicos, darles su lugar como agentes de transformación social con formación en el Evangelio; a la vida consagrada, valorar su testimonio de entrega a Cristo; y a los sacerdotes, caminar con ellos como hermanos y colaboradores cercanos en la misión”

-¿Cómo responderá la Iglesia a los desafíos sociales de Campeche?
“La Iglesia debe responder con cercanía, iluminar desde el Evangelio —con dignidad, justicia y solidaridad—, acompañar los esfuerzos por mejorar la vida del pueblo, tender puentes de diálogo y defender los derechos de las personas y trabajadores, siempre en búsqueda de la paz”

-¿Qué aprendizaje de Tuxtepec se lleva a Campeche?
“Sobre todo, el valor de acompañar personas y procesos, incluso en el dolor. En Tuxtepec aprendí a comprender mejor a las personas, caminar a su lado y crecer como pastor y como persona. Ese aprendizaje quiero llevarlo al estado”

-¿Cuál es su visión para la Iglesia en Campeche a futuro?
“Sueño una Iglesia que sea refugio de humanidad, con comunidades firmes en la fe, unidas y testimonio de esperanza. Una Iglesia que viva con alegría su misión y contribuya a un estado con más fraternidad y paz”

El obispo José González partirá hacia tierras campechanas con la sensibilidad de quien conoce el valor del esfuerzo diario. Aquel joven que alguna vez soñó con ser ingeniero agrónomo para cultivar la tierra, hoy se reconoce como un sembrador de esperanza en un campo mucho más vasto. “Denme una oportunidad”, pide con humildad, convencido de que su mejor herramienta pastoral será un corazón forjado en la sencillez, listo para caminar con un pueblo que construye la fe paso a paso.

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