CAMPECHE, CAMP. El silencio habitual de la Concha Acústica se rompió esta mañana, pero no con música, sino con el murmullo de 1,850 estudiantes de 27 centros educativos que acudieron a un llamado inusual, llevarse gratis un pedazo de la historia literaria de Latinoamérica. Los ejemplares 9 títulos de los 25 que integran la colección cambiaron de dueño en una jornada que buscó alejarse de la “lectura por obligación”.
El evento, que posicionó a Campeche como punta de lanza en la Península de Yucatán, no fue una entrega estática. Bajo una dinámica bautizada como “carrusel”, jóvenes de entre 15 y 30 años desfilaron frente a los stands para elegir títulos que, en otras circunstancias, difícilmente llegarían a sus mochilas.
Norma Lladó, directora de la biblioteca Francisco Sosa Escalante confirmó que se entregó literatura de peso. Desde la crudeza de Música concreta de Amparo Dávila hasta la mística de Duermevelas de Adela Fernández. La intención declarada por los organizadores fue clara: los libros no son para adornar repisas, sino para ser devorados y, sobre todo, compartidos.
“La lectura es un acto que se tiene que realizar en libertad… debe ser por convicción y no por imposición”, sentenció, al cerrar la jornada. Fue enfática en que este “regalo” conlleva una tarea implícita, el intercambio. El objetivo es que los nueve títulos circulen entre los 27 centros educativos participantes hasta que la colección esté completa en la mente de cada lector.

