MÉXICO- En un país que durante décadas fue saqueado por el neoliberalismo rapaz, la Cuarta Transformación (4T) emerge no solo como un cambio de gobierno, sino como una verdadera revolución ética y social. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha expuesto con claridad meridiana cómo el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) —esa institución emblemática de la seguridad social en América Latina— fue abandonado a su suerte por los regímenes anteriores, mientras hoy, bajo la 4T, se fortalece con inversiones masivas y una visión soberana.
Recordemos el desastre neoliberal: durante esos oscuros sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, el IMSS fue tratado como un botín más del mercado. Se construyeron apenas un puñado de hospitales, dejando un sistema saturado, con filas interminables y una precariedad que hoy pagamos con creces.
¿El resultado? Quejas constantes por falta de medicamentos y servicios deficientes, herencia directa de políticas que priorizaron la privatización y el recorte presupuestal sobre el bienestar popular.
Pero la 4T no se queda en lamentos: Sheinbaum anunció planes para añadir más de 11 mil camas hospitalarias, un esfuerzo titánico que corrige décadas de negligencia.

