CAMPECHE, CAMP. A nada de que los cementerios de la capital se llenen de familias por las fechas de los Fieles Difuntos, la realidad dentro de ellos pega como un balde de agua fría. Un recorrido por la zona dejó al descubierto el pésimo estado en el que se encuentran los camposantos municipales el de Siglo XXI en la avenida López Portillo y el de San Román en la avenida Resurgimiento frente al malecón, donde el descuido, la basura acumulada y los caminos totalmente intransitables son la constante para quienes buscan visitar a sus seres queridos.
El cementerio de Siglo XXI en la capital se lleva de lejos el primer lugar en abandono. Ahí no hay caminos firmes ni rampas; la gente literal tiene que abrirse paso entre la hierba alta y el lodo. Ante la nula respuesta de las autoridades, a varios ciudadanos no les ha quedado de otra que llegar armados con machete en mano para deshierbar por su propia cuenta, sorteando los charcos de agua y esquivando los malos olores que proliferan en la zona.
Por si la maleza fuera poco, la postal en Siglo XXI roza lo grotesco, cajas de muertos abiertas, usadas y rotas estorban entre los pasillos, repletas de botellas, huacales y basura. A eso se le suma la sombra de un árbol derribado por las lluvias pasadas que nadie ha ido a levantar, haciendo que caminar por el lugar se vuelva una auténtica carrera de obstáculos para los adultos mayores y niños que acuden con flores en mano.
SAN ROMÁN ENTRE ESCOMBROS
Por otro lado, el cementerio de San Román, frente al malecón, ofrece una vista igual de lamentable para los campechanos y visitantes. A pesar de que el colapso de su arco histórico y varias de sus estructuras ocurrió desde agosto de 2025, al día de hoy los grandes bloques de piedra y escombros siguen aplastando lápidas antiguas, sin que nadie se haya tomado la molestia de recogerlos o rehabilitar el área.
En San Román la naturaleza ya empezó a reclamar su terreno, pero no de buena manera. Las plantas y malas hierbas crecen entre los nichos fracturados y las tumbas destrozadas, dando una imagen de ruina total a un sitio que debería ser de respeto y memoria, justo a la orilla de una de las avenidas más transitadas y turísticas de la ciudad.
La molestia de los ciudadanos es evidente y el reclamo al Ayuntamiento retumba con fuerza: no es posible que a escasos días de las celebraciones solemnes, las autoridades municipales ni sus luces asomen para echar aunque sea un poco de cemento o limpiar las áreas comunes.