CDMX. – El río Pánuco ya no huele a agua ni a pescado. Huele a chapopote. Y en la margen de Veracruz, en el ejido El Chachalaco, municipio de Pueblo Viejo, Roberto Hernández mira su lancha como quien observa un muerto. Tiene 48 años, las manos rajadas por el sol y el salitre, y más de tres décadas dedicadas a sacar del agua lo que da de comer a su esposa y a sus tres hijos. Hoy no puede ni acercarse al muelle sin que el corazón se le apriete. Fue el viernes 25 de septiembre, cuando la lluvia no paraba.
Roberto bajó temprano a revisar el equipo. Lo que encontró lo dejó sin palabras: la lancha, el motor y las redes cubiertos de una capa negra y espesa. El hidrocarburo que bajó por el canal Varadero desde la Refinería Francisco I. Madero, arrastrado por las intensas precipitaciones, había invadido todo.
“Se dañó lo que son redes, la lancha, el motor más que nada. Las redes se llenan de hidrocarburo y las manchas son difíciles de quitar. Tenemos que lavarlas bien o desecharlas porque ya no se pueden utilizar”, cuenta con voz baja, mientras señala el equipo que ahora parece inservible.
Como él, al menos 150 familias de pescadores de ambos lados del río —norte de Veracruz y sur de Tamaulipas— se quedaron sin poder trabajar. El chapopote no solo manchó las embarcaciones: ahuyentó la pesca y volvió peligroso salir al mar, donde el oleaje trae todavía manchas iridiscentes.
Roberto lleva cuatro días sin echar las redes. No tiene dinero para comprar detergentes especiales ni para reemplazar lo perdido.
Limpiar todo, dice, podría tomarle hasta dos meses. Mientras tanto, la mesa de su casa se queda cada vez más vacía.