CAMPECHE, CAMP. Esquivar cráteres de agua verde o terminar derrapado en el pavimento. Esa es la ruina diaria que enfrentan vecinos, automovilistas y transeúntes en la colonia Leovigildo Gómez, donde la calle Galilea se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos y un preocupante foco de infección que empeora a cada segundo sin que ninguna autoridad mueva un solo dedo.
El crujir de las llantas frenando de golpe y el rugido de los motores esquivando pozos son la banda sonora de esta arteria vial. En el sitio, la vía pública dejó de ser una calle pavimentada para transformarse en una trampa mortal de agua estancada, zanjas profundas y verdín resbaladizo. Para los habitantes, salir de casa implica calcular cada paso o giro de volante, pues el moho y la mugre acumulada ocultan la verdadera profundidad de los abismos que se tragan los neumáticos.
La peor parte de esta pesadillacotidiana se la llevan los motociclistas, quienes se ven obligados a realizar maniobras acrobáticas y transitar en zigzag para no terminar en la sala de urgencias de un hospital. Entre los colonos reina la desesperación, aseguran que las aberturas crecen con el paso constante de los vehículos y advierten que un solo desperfecto, una piedra oculta bajo el agua sucia o un resbalón sobre el limo bastan para provocar una tragedia irreparable.
A la destrucción del asfalto se le suma la invasión de maleza en las banquetas, un problema que los propios afectados han intentado frenar machete en mano, aunque saben que su esfuerzo es un paliativo inútil. Exigen una solución de fondo que incluya la repavimentación integral con concreto y la extracción de raíz de la vegetación, pues el estancamiento del agua podrida ya no solo amenaza la suspensión de los vehículos, sino que amenaza con desatar una plaga de mosquitos.
La indignación escaló al límite ante la completa indiferencia de la administración municipal. Pese a que los colonos han saturado las redes sociales de la alcaldesa Biby Rabelo con reportes y evidencias fotográficas, las cuadrillas del Ayuntamiento y sus llamados “brigadistas naranjas” simplemente no aparecen. Hartos de un abandono que suma años y de parches de asfalto que se deshacen con la primera lluvia, los ciudadanos exigen que el gobierno local asuma su responsabilidad antes de que la negligencia cobre vidas en la zona.