SAN FRANCISCO DE CAMP., CAMP. En el municipio de Palizada, la fe popular choca de frente con el desinterés y los cobros desmedidos. La comunidad católica de la Ribera Alta ha alzado la voz para exigir la salida inmediata del párroco encargado de la Iglesia del Señor San Joaquín, Cristopher Raymond, presentando un llamado desesperado y directo al obispo de la Diócesis de Campeche, José González Juárez, para que intervenga ante una crisis que amenaza con vaciar el templo.
El ciudadano Pedro Paredes, a nombre de decenas de familias creyentes, reveló dicha situación que provocó indignación tras una larga jornada de devoción. Miembros del gremio de la Ribera Alta recorrieron a pie cerca de cinco kilómetros para cumplir con la tradicional “alborada”. Al llegar a las puertas del templo, el sacerdote se negó rotundamente a salir a darles la bendición de bienvenida, rompiendo una costumbre arraigada de años.
El año pasado la escena no fue distinta, se le tuvo que suplicar en cuatro ocasiones para que accediera a asomarse. A la falta de empatía pastoral se suma un tabulador de precios que la comunidad califica de inalcanzable. Celebrar una misa en San Joaquín cuesta hoy 1,500 pesos, más 600 pesos obligatorios por el coro y una ofrenda que la propia parroquia comercializa en 300 pesos.
TEMPLO VACÍO Y SERMONES DE RENCOR
Quienes no cubren las cuotas o pagan lo mínimo reciben a cambio liturgias incompletas, despachadas al ahí se va, sin importar si se trata de intenciones para difuntos o devociones a los santos. “Si tu pago es bastante satisfactorio, la atención es mejor”, denuncian los habitantes.
La convivencia diaria se ha vuelto insostenible. Habitantes relatan cómo el sacerdote ha llegado a correr a feligreses de la iglesia de manera grosera en pleno culto. Además, señalan que la homilía dominical se ha transformado en un monólogo repetitivo cargado de rencillas personales dedicadas a señalar al padre Próspero y a su familia, dejando de lado cualquier mensaje de fe.
Ante el cansancio y el trato humillante, familias enteras han optado por dejar de asistir a la parroquia. La petición al obispo José González Juárez es contundente: un cambio inmediato de sacerdote antes de que la intolerancia apague por completo la vida comunitaria en Palizada.