De pequeño la ilusión de cualquier niño que practica al futbol, es la de llegar a ser un futbolista profesional. Y muchos de esos niños y jóvenes, también sueñan con ser goleadores y más aún si en sus equipos hacen esa función.
Uno de esos pequeños, era Francisco Guillermo Ochoa,quien soñaba con ser alguien de grande y así lo hizo.
SU HISTORIA
Paco Memo Ochoa, de niño jugaba como delantero, pero un día el arquero de su equipo en el que jugaba de pequeño faltó.
Entonces fue cuando cambió la magia: ocupó su lugar bajo los tres postes y decidió no cambiarse nunca más.
Antes de convertirse en uno de los porteros más importantes en la historia del futbol mexicano, Guillermo Ochoa era un niño que disfrutaba jugar en las canchas de cemento en la ciudad de Guadalajara.
Quienes lo conocieron durante su infancia lo recuerdan como un estudiante disciplinado, responsable y apasionado por el deporte.
Terminaba rápidamente sus tareas para salir a jugar con sus amigos.
EL CAMBIO
Aunque en un principio soñaba con ser un gran delantero, el destino le tenía preparado otro camino.
Un día faltó el portero de su equipo donde jugaba de niño no llegó a jugar un partido, y Memo ocupó su lugar bajo los tres postes y nunca volvió a abandonarlo.
Ahí fue donde nació su verdadera vocación y que lo llevaría a convertirse en referente del balompié azteca.