CAMPECHE, CAMP. Quien haya caminado por la calle 59 sabe que no es cualquier calle, es la espina dorsal del turismo, la gastronomía y la vida nocturna de la ciudad. La mañana de ayer, el paisaje cotidiano del Centro Histórico despertó con una escena vibrante, escaleras desplegadas contra los viejos muros coloniales, rodillos en alto y más de una docena de trabajadores devolviéndole la intensidad a la paleta de colores que enamora a miles de visitantes cada año.
Lejos del bullicio formal y sin alterar el paso firme de los campechanos que caminaban hacia sus empleos, la cuadrilla comenzó la jornada desde temprano. El objetivo era claro, retocar, pulir y dejar impecables las fachadas que sirven de marco a rincones emblemáticos como “Patronis”, “La Chopería”, “La Parrilla”, “Aduana”, “Brizz”, entre otros, paradas obligadas tanto para locales como para extranjeros.
La intervención no es casual. Ocurre en el pico de la temporada vacacional, cuando las piedras centenarias de la 59 registran un desfile constante de viajeros llegados de diversos rincones del país e incluso de otros continentes.
Para quienes viven aquí, ver a los pintores equilibrarse en las alturas para proteger el patrimonio no solo rejuvenece la vista del primer cuadro, sino que asegura que la primera impresión de Campeche siga siendo la de una ciudad viva, cuidada y orgullosa de su historia.

