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23 julio, 2026

Campeche

LUJO POR FUERA, RUINAS POR DENTRO

CAMPECHE, CAMP. El emblemático complejo de las Torres de Cristal, levantado en el malecón de Campeche a principios de los 90 como símbolo de modernidad corporativa, se cae a pedazos por dentro mientras cobra rentas ejecutivas superiores a los 10 mil pesos mensuales. Lo que en su momento fue la obra arquitectónica privada de la familia Mouriño más llamativa de la ciudad por su fachada de cristal templado, hoy se ha convertido en un laberinto de carencias que padecen a diario decenas de trabajadores y visitantes que acuden a realizar trámites.

El contraste entre el exterior brillante y el interior abandonado resulta abismal para cualquiera que cruza la puerta principal. Visitantes del inmueble señalan que el lugar parece haberse quedado congelado en el tiempo, con un vestíbulo reducido a un simple mueble de madera, espejos opacos que perdieron el brillo y losas desgastadas y rotas que son exactamente las mismas con las que se inauguró la edificación hace más de tres décadas.

La falta de mantenimiento no solo afecta la estética, sino la seguridad y la comodidad básica de quienes frecuentan el edificio. Los usuarios relatan que los ascensores se traban constantemente, obligando al propio personal a forzar manualmente las puertas para evitar que la gente quede atrapada; a esto se suma la ausencia total de aire acondicionado, la falta de baños públicos para los visitantes y la inexistencia de puertas automatizadas o áreas de espera dignas.

EN COMPLETO ABANDONO

Pese a contar con dos torres de nueve pisos unidas por un puente aéreo y una amplia zona de estacionamiento, los desmedidos costos de arrendamiento y las precarias instalaciones han provocado una estampida de inquilinos. Hoy, la mayor parte de los espacios lucen desiertos, quedando únicamente dependencias de gobierno como la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco), Leche Bienestar y las propias oficinas del consorcio de GES.

Detrás de este progresivo deterioro se esconde también una crisis de gestión interna que ha agravado la situación operativa del lugar. De acuerdo con testimonios del propio personal que labora en el sitio, los dos últimos administradores del complejo optaron por renunciar por cuenta propia tras detectar serias anomalías e inconsistencias en las cuentas financieras destinadas, precisamente, al mantenimiento general del inmueble.

PATRIMONIO MILLONARIO

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La decadencia de las Torres de Cristal resulta aún más escandalosa al compararse con la solvencia del grupo empresarial al que pertenecen. El inmueble forma parte de los activos de Grupo GES y la familia Mouriño, un poderoso emporio económico cuyos negocios abarcan decenas de estaciones de servicio gasolineras en todo el sureste mexicano, así como múltiples franquicias internacionales de comida rápida y tiendas de conveniencia en la región. El brazo financiero de este consorcio trasciende incluso las fronteras mexicanas, consolidándose como propietarios mayoritarios del club de fútbol Real Club Celta de Vigo en la Primera División de España, además de mantener cuantiosas inversiones inmobiliarias, aeronáuticas y papeleras en Galicia, sumando un patrimonio estimado en cientos de millones de dólares.

Mientras el imperio económico familiar expande sus fronteras en el extranjero, su edificio insignia en la capital campechana continúa deteriorándose día con día. Para la ciudadanía y trabajadores, rentar o acudir a las Torres de Cristal se ha convertido en una experiencia costosa e incómoda, donde la imagen de prosperidad que vende su fachada se estrella de frente contra la ruina urbana de sus pasillos.

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