San Francisco de Campeche, Camp. Lo que debió ser un homenaje a la historia se convirtió en el símbolo perfecto del abandono. En pleno Barrio de San Francisco, el busto de Francisco I. Madero fue arrancado de su pedestal con total impunidad hace unos días. La desaparición de la escultura de bronce corona una crisis de inseguridad, penumbras y desinterés del Ayuntamiento que ha transformado a este tradicional rincón de la ciudad en una boca de lobo donde la delincuencia opera sin restricciones.
La sustracción ocurrió en el parque ubicado en la cuchilla de la calle 10-B, justo frente a la conocida Ría. Los delincuentes aprovecharon la nula vigilancia y el nulo alumbrado público para forzar la base del monumento. En el sitio sólo quedaron los tornillos de anclaje doblados y las marcas del desprendimiento; huellas evidentes de un delito que los habitantes de la zona ya veían venir, pues desde hace tiempo que se había esfumado la placa conmemorativa del lugar.
Los propios vecinos de la zona relataron con frustración cómo el parque se ha convertido en un auténtico nido de bandidos. Según testimonios, caminar por el rumbo al caer la noche se ha vuelto una ruleta rusa debido a que las luminarias fallan constantemente. Señalan directamente la presencia de personas en situación de calle que rondan el lugar a pie o con carritos, acechando las viviendas cercanas, por lo que no dudan que este grupo sea el responsable de los robos.
La indignación va más allá de la inseguridad, apuntando a la apatía de la Comuna que tiene al parque en ruinas. Denunciaron que las ocho bancas del espacio lucen oxidadas y devoradas por el tiempo, mientras que los contenedores rebosan de basura que ni se molestan en recoger. Los residentes lamentaron que las famosas “brigadas naranjas” municipales brillen por su ausencia, dejando que la maleza crezca sin control y condenando al abandono a un sitio que debería ser considerado patrimonio de todos los campechanos.
La gota que derramó el vaso fue la crónica de un robo anunciado. Los habitantes recordaron que hace un mes lograron ahuyentar a un joven que, cobijado por las sombras, ya intentaba desempotrar la escultura con herramientas. A pesar de los reportes y las señales de alerta, la falta de patrullajes y la oscuridad cómplice permitieron que los criminales regresaran a terminar el trabajo, dejando hoy un pedestal vacío que expone la ineficacia oficial ante el reclamo ciudadano.

