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1 julio, 2026

Selección Mexicana

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¡MÉXICO DESTROZA A ECUADOR!: 2-0

CDMX.- Hasta el cielo lloró de felicidad al ver a la Selección Mexicana humillar a Ecuador con un fútbol demoledor y lleno de garra. Desde el silbatazo inicial, el Tri salió como un huracán verde, imponiendo su velocidad endiablada y dejando contra las cuerdas a un rival que se presumía sólido. Simplemente fue un 2-0.

La afición mexicana vibraba en las tribunas del estadio Azteca, mientras los ecuatorianos veían cómo su sueño se desmoronaba partido tras partido ante un México que no perdonaba.

En el minuto 21, el colombiano nacionalizado mexicano Julián Quiñones demostró con creces su amor por la camiseta tricolor. Desde media cancha, por la banda derecha, el delantero arrancó como un rayo, dejó en ridículo a la zaga ecuatoriana con un dribbling mágico y soltó un derechazo brutal que se enredó en las redes como una sentencia divina. ¡Golazo que hizo estallar el estadio y que aniquiló moralmente a Ecuador! México siguió atacando, al minuto 30, México le puso un auténtico baile de salón a una de las mejores defensas del continente.

Raúl Jiménez, el matador, apareció en el área como un depredador y soltó otro derechazo letal que besó la red rival con suavidad asesina. El Tri no solo ganaba, ¡estaba gozando y haciendo gozar a todo un país!

En el segundo tiempo, México salió con todo. Desde el silbatazo, el Tri se plantó firme en su campo y presionó alto para defender la ventaja conseguida en la primera mitad. El equipo cerró espacios, ganó los rebotes y mantuvo la posesión con calma, dejando claro que no iba a regalar nada.

Los ecuatorianos salieron mal y de malas. No lograron conectarse en el medio campo y cada intento de llegada se topó con la defensa mexicana. Nada pudieron hacer para cambiar el ritmo del partido. Casi al finalizar, la frustración le pasó factura a Piero Hincapié: fue expulsado tras taparse la boca y susurrarle al oído a un jugador mexicano, una acción que el árbitro no dejó pasar.

La noche se tiñó de verde, blanco y rojo. México no solo venció, aplastó ilusiones y demostró que cuando juega con pasión y velocidad, no hay rival que resista. ¡Arriba México, carajo! El cielo lo celebró y la afición lo gritó hasta quedarse sin voz.

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