CAMPECHE, CAMP. El sonido ensordecedor de las máquinas termonebulizadoras y una densa nube de humo blanco rompieron la rutina en las escuelas primarias Ana María Farías y UNESCO en el municipio de Tenabo. Esto fue el inicio de una batalla crucial para proteger a cientos de niños de Tenabo contra un enemigo silencioso, pero potencialmente mortal, los mosquitos transmisores del dengue, zika y chikungunya.
A las puertas de la temporada más crítica del año, donde las lluvias y el calor multiplican los criaderos de insectos en cuestión de horas, el personal de vectores intervino de emergencia ambos planteles para levantar un “escudo químico” en las aulas, patios y zonas comunes donde diariamente conviven los estudiantes.
La intervención busca frenar de golpe la proliferación de mosquitos en espacios escolares de alta concentración. El riesgo es real, un solo brote en una escuela puede incapacitar a decenas de alumnos y encender las alarmas sanitarias en el municipio. Con la aplicación de insecticida mediante termonebulización se busca garantizar que el regreso a las aulas tras los días de lluvia no se convierta en un foco de infección.
Aunque el blindaje a las primarias Ana María Farías y UNESCO da un respiro inmediato a los padres de familia, los especialistas de salud advierten que este esfuerzo es inútil a largo plazo si la comunidad no hace su parte.