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16 junio, 2026

Centro

Campeche

UN PELIGRO JOYAS ARQUITECTÓNICAS

Campeche, Camp. El corazón histórico se está desmoronando en silencio, atrapado entre el desinterés de los dueños y la temporada de lluvias. Al menos 50 casonas se encuentran en total abandono, convertidas en peligrosos cascarones vacíos debido a dueños “fantasmas” que las han dejado a su suerte. Este vacío mantiene en vilo a los cuatro barrios más tradicionales de la ciudad, San Francisco, Guadalupe, San Román y el Centro Histórico.

La delegada del INAH, Adriana Velázquez Morlet, confirmó la magnitud de esta crisis urbana al mapear el problema directamente sobre las zonas vivas de la ciudad. Estas propiedades arrastran diferentes niveles de deterioro físico; algunas resisten en la superficie, pero otras están completamente desahuciadas por dentro debido a décadas de negligencia.

Por ello, el Centro INAH ha tenido que activar una coordinación de última hora para intercambiar reportes de alerta. Las autoridades buscan reaccionar antes de que el peso del agua provoque una tragedia, pues el riesgo ya saltó de las fachadas a las banquetas, en la calle 16, esto obligó a proteger de emergencia las estructuras para evitar que los desprendimientos lastimen a alguien.

RAÍCES DEMOLEDORAS

El verdadero enemigo no solo es el agua, sino la vida que germina en el olvido. El abandono prolongado ha permitido que la maleza deje de ser un problema estético y se convierta en un demoledor mecánico. En el interior y en los techos de estas viviendas deshabitadas hasta llenas de basura, la naturaleza ha reclamado su espacio con una fuerza destructiva.

Árboles y plantas de gran tamaño crecen sin control entre las vigas y los muros de mampostería. Sus raíces se van extendiendo de manera agresiva por los núcleos de las paredes, actuando como cuñas que agrietan y rompen las estructuras desde adentro. Cuando las lluvias saturan la tierra y el sillar, el deslave de los materiales se acelera en esas fracturas provocadas por la vegetación.

Históricamente, los propietarios han preferido dejar que los inmuebles se caigan antes de tramitar permisos, bajo la idea de que el INAH es una aduana burocrática impasable. Reconociendo este muro de desconfianza que alimenta el abandono, Velázquez lanzó un exhorto inusualmente directo y alejado de los discursos oficiales, casi rogando a los dueños que den la cara:

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La moneda está en el aire. Mientras el INAH intenta cruzar datos para contener los daños en esta temporada de lluvias, las 50 casonas siguen ahí, con las raíces partiéndoles las entrañas, esperando a que los dueños aparezcan o que la humedad termine por derrumbar la historia de Campeche.

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