Uruguay se presenta a la gran cita con el ceño fruncido, la sangre caliente y un libreto futbolístico completamente renovado.
Bajo la dirección estratégica de Marcelo Bielsa, la Celeste ha dejado atrás su histórico pragmatismo de esperar el error ajeno para convertirse en un equipo reactivo, vertical y sumamente peligroso.
La propuesta no negocia la intensidad: presión asfixiante en campo rival, transiciones a velocidad y un protagonismo absoluto que, si bien la vuelve vulnerable por momentos, le permite someter a cualquier potencia del planeta.
LAS CUATRO ESTRELLAS
El combinado charrúa saltará a las canchas del Mundial portando dos estrellas oficiales en su escudo, aunque el orgullo charrúa y su memoria colectiva defiendan cuatro.
Para la FIFA, los únicos títulos mundiales válidos corresponden a las gestas de 1930 y 1950, dejando al margen los Oros olímpicos de 1924 y 1928 que Uruguay conquistó antes de la creación del torneo. Lejos de ser un lastre, esa herida histórica actúa como combustible perfecto de un plantel que saldrá a ensuciarse las botas y fajarse en cada centímetro del césped.
BOLETO CON AUTORIDAD
Uruguay amarró su clasificación directa tras culminar en la cuarta posición de las extenuantes eliminatorias de la Conmebol.
A lo largo de los 18 compromisos de la fase previa, la escuadra celeste firmó una sólida efectividad superior al 51% gracias a un balance de siete victorias, siete empates y apenas cuatro tropiezos, 22 goles a favor.