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10 junio, 2026

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Campeche

SOBREVIVE ENTRE “MULETAS” TEMPLO SAN FRANCISQUITO

CAMPECHE, CAMP. Las intensas lluvias que azotaron a la región la semana pasada terminaron por doblegar la mampostería del histórico Templo de San Francisquito, obligando a la Diócesis de Campeche a clausurar el acceso de manera indefinida desde el pasado fin de semana. El colapso interior de una sección de la entrada principal, registrado el 29 de mayo, ha encendido las alarmas en el estado pues el agua está venciendo los muros del templo colonial.

Ante esto, el padre Marco Antonio Martínez reveló que, el desastre fue descubierto a tiempo, pues por la mañana del sábado el sacristán al intentar abrir las pesadas puertas se topó con un bloqueo de escombros y mampostería desprendida del techo. Tras el reporte del párroco Efraín Rosales, la Diócesis ordenó el cierre total para evitar una tragedia pues por un poco más y podría haberle caído a feligreses en la misa del domingo.

Hasta ahora el emblemático edificio sobrevive “en muletas”, sostenido visualmente por andamios internos y puntales de madera en su fachada exterior. Por lo que la preocupación sigue siendo el clima, pues las lluvias seguirán. Además, la iglesia ya notificó el hecho al INAH, pero hay temor que el caso quede encarpetado, pues las medidas de emergencias tomadas son temporales y la solución y reapertura del templo dependen de la velocidad con la que actúen autoridades.

“Esperamos que pronto comiencen los trabajos de restauración para no poner en riesgo ninguna situación, tanto del templo histórico como de alguna de las personas”, advirtió el padre Marco Antonio, dejando en claro que la pelota ahora está por completo en la cancha del INAH y los peritos institucionales.

Con las puertas cerradas y la fe de los vecinos en pausa, la exigencia ciudadana ha comenzado a presionar. Los campechanos exigen activar un “temporizador” social para evitar que el Templo de San Francisco se sume a la larga lista de monumentos históricos que el INAH abandona al olvido durante meses o años bajo la excusa de la falta de presupuesto. La comunidad vigila, pues cada día de lluvia que pasa con el templo apuntalado, es un día más de riesgo de un colapso irreversible.

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