CAMPECHE, CAMP. La tarde transcurría con el pesado bochorno de siempre, pero el cielo de Campeche tenía otros planes. Con el inicio de la temporada de lluvias 2026 que llegó antes de terminar mayo, de pronto el azul se tiñó de un gris plomizo y espeso que, en cuestión de minutos, borró la luz del día.
Fuertes vientos anunció que lo que venía no eran las ligeras precipitaciones de los días anteriores. Era el estreno brutal de la temporada de lluvias, y tomó a toda la capital por sorpresa.
Cuando las primeras gotas chocaron contra el asfalto, la visibilidad se redujo a cero. Los limpiaparabrisas de los autos resultaron inútiles.
En las calles, los automovilistas encendieron las luces de emergencia, avanzando a vuelta de rueda en medio de una penumbra irreal. Mientras en la ciudad la gente buscaba dónde guarecerse, en el litoral el panorama se tornó de pánico absoluto.
ÁRBOLES CAÍDOS, APAGONES Y VÍAS INCOMUNICADAS
Los chubascos se convirtieron en un diluvio implacable. Las avenidas principales como la avenida
Concordia, San Caralampio, Álvaro Obregón, Presidentes de México, Av. Jaina, Miguel Alemán, Flor de Limón, Ermita y Siglo XXI tardaron pocos minutos en transformarse en auténticos ríos navegables.
Con el paso de las horas, las rachas de viento cobraron fuerza y la infraestructura de la ciudad empezó a crujir. En las colonias Aviación, Colonial Campeche y Presidentes de México, árboles de gran tamaño fueron arrancados de raíz, colapsando el tráfico. Casi de inmediato, sobrevino el apagón. El servicio eléctrico colapsó por completo, dejando en una oscuridad total y lúgubre a los habitantes de Prado, Hampolol, Polvorín y la Avenida Patricio Trueba.
Para campechanos la jornada se volvió un calvario. El transporte público se paralizó por completo. En cada esquina transitada, se formaron largas filas de personas empapadas, estirando la mano desesperadamente por un taxi o esperando un camión que nunca llegó.
TRAMPA MORTAL
El momento más crítico y que mejor reflejó la falta de previsión ocurrió en la avenida López Portillo. Con el agua a nivel de banqueta y la nula visibilidad, la arteria se convirtió en una trampa. Debido a la flagrante falta de señalamientos por parte de las autoridades municipales en una obra en proceso, tres automovilistas no vieron el peligro y cayeron directo en un enorme socavón, dejando sus vehículos destrozados y varados en la inundación.