Jordania ha escrito la página más gloriosa de su historia deportiva al sellar su primera clasificación a un Mundial.
Tras quedarse a las puertas en 2014, el equipo logró el boleto directo en 2026 como escolta de Corea del Sur, a quien incluso le arrebató un empate en suelo asiático.
Para un país que vive el fútbol con una intensidad desbordante, el simple hecho de estar en la gran cita es el premio mayor, aunque su reciente subcampeonato en la Copa Árabe sugiere que no serán un rival sencillo para nadie.
GRAN REVELACIÓN
El estilo de juego jordano ha evolucionado hacia una propuesta que prioriza la solidez defensiva y la velocidad en las transiciones.
La mayoría de sus convocados militan en ligas de la región, lo que les otorga una cohesión grupal y un conocimiento mutuo que compensa la falta de estrellas en las ligas europeas.
El equipo llega con ritmo competitivo tras firmar empates esperanzadores contra Nigeria y Costa Rica en la última fecha FIFA, demostrando que su sistema puede resistir ante rivales de diversos continentes.
LUGAR DE HONOR
Bajo la dirección de Jamal Sellami, los “Bravos” buscan transformar esa alegría en una actuación digna que inspire a futuras generaciones.
En 2026, el objetivo es claro: disfrutar del debut histórico y pelear cada balón para demostrar que la evolución de su fútbol es una realidad que ha llegado para quedarse en el plano internacional.