MÉXICO.- El “accidente” del 19 de abril en la sierra de Chihuahua no fue un choque más. Fue la radiografía de una traición: agentes de la CIA circulando en territorio mexicano con uniformes e identificaciones de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua, bajo el gobierno panista de María Eugenia Campos Galván y con el fiscal César Gustavo Jáuregui Moreno como cómplice por omisión o por comisión.
Que quede claro: Richard Leiter Johnston, de 36 años, y John Dudley Black, de 44, no eran turistas. Eran operadores de la Ground Branch de la CIA, el brazo paramilitar que se mueve con Navy SEALs y Delta Force. Murieron junto al Director de la Agencia Estatal de Investigación, Pedro Ramón Oseguera Cervantes, y el agente Manuel Genaro Méndez Montes. Los cuerpos de los estadounidenses fueron entregados en fast track a Washington. A México le dejaron las preguntas… y la vergüenza.
Aquí el panismo volvió a hacer lo que mejor sabe: abrirle la puerta al intervencionismo extranjero mientras se envuelve en la bandera de la “seguridad”. ¿Con qué fundamento legal Maru Campos y su fiscal permitieron que agentes de una potencia extranjera portaran credenciales apócrifas de la Fiscalía? ¿Quién firmó la orden para que participaran en operativos contra narcolaboratorios sin que el gobierno federal lo supiera y lo autorizara? ¿Por qué la prisa para devolver los cadáveres mientras al país se le niega la verdad?

