Un silencio inusual cubrió ayer los pasillos del Mercado de Sonora. Donde durante casi siete décadas se escuchaban trinos de aves, balidos de borregos y el regateo constante de compradores, hoy solo hay cortinas corridas, candados y un aire pesado que parece absorber el murmullo de la ciudad. Desde el 1° de enero de 2026, la venta y exhibición de animales vivos quedó totalmente suspendida.
Al menos 54 locales dedicados a la venta de animales bajaron sus persianas, marcando el fin de una era tras un mandato judicial que prohíbe la exhibición y comercio de fauna en jaulas. La medida representa un avance histórico para el bienestar animal, asegurando un trato más digno para especies que durante años vivieron confinadas en espacios reducidos y bajo la mirada constante de transeúntes y clientes.
El cierre es el resultado de un amparo promovido por organizaciones civiles, que buscaban visibilizar las condiciones de los animales y garantizar su protección. Mientras los locales permanecen vacíos, afuera se percibe la preocupación de los comerciantes; algunos recorren los pasillos con pasos lentos, otros conversan en voz baja, alertando sobre el impacto económico que la medida tiene sobre veterinarios, transportistas y criadores.

