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15 enero, 2026

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Campeche

“LA FE MUEVE MONTAÑAS”

Los tres jóvenes posan junto a las imágenes religiosas; sonríen con esa mezcla de cansancio anticipado y entusiasmo que anuncia el inicio de un largo trayecto.

CAMPECHE, CAMP. La fe no les permitió a Jordan, Jesús y Ronnye, tres jóvenes de Chiapas quedarse a las mañanitas a la media noche en el barrio de Guadalupe; los encontró empacando mochilas y revisando bicicletas. En pocas horas partirían rumbo a Nilchí, un poblado de Campeche, donde planean llegar para celebrar a la Virgen. Pero lo que más llama la atención, no es la distancia ni la determinación, sino las enormes imágenes religiosas que llevarán consigo.

“La fe mueve montañas”, respondieron al unísono cuando se les preguntó cómo soportan el peso y la exigencia del camino. Jordan de 19 años resumió su meta con simpleza: “vamos a manejar mucho, el pueblo queda como a 50 kilómetros de acá, pero resistimos porque nuestra meta es llegar para celebrar a nuestra Virgencita”.

Así a pasos acelerados, empacan todo, así como aseguran con plásticos las imágenes, dos estatuas de la Virgen de Guadalupe, una más pequeña, otra de San Judas Tadeo y una grande de Cristo—. La más grande pesa entre ochos a diez kilos, aunque confiesan que depende del material que estén hechas, pues estás son de fibra de vidrio, pero las hay de yeso y resina.

Jesús de 22 años enfatizó el efecto físico de la creencia: “es una fe que todos tienen, con esa fe puedes mover todo, nos da fuerza en los pies, en los brazos y en la espalda para seguir el camino”. Ronnye añadió el apoyo comunitario como factor clave: llevan comida y agua donada por vecinos —“sin alimento no tendríamos fuerza para llegar hasta ahí”—.

El más reservado que los otros dos, Ronnye de 21 años, pero con una claridad que no necesita alzar la voz, añadió algo que a veces pasa desapercibido en las peregrinaciones, la fe no camina sola, se alimenta. Contó que llevan comida y agua que vecinos del barrio de Guadalupe les ofrecieron “sin pensarlo”, como si también ellos quisieran empujar la bicicleta desde lejos.

Para él, esa ayuda es parte del milagro silencioso del camino: “Ella se presenta así, con la ayuda de la gente”, dijo, refiriéndose a la Virgen. Explicó que, aunque la fuerza espiritual los sostiene, el alimento es lo que mantiene el cuerpo firme durante los 50 kilómetros.

“Sin comida no tendríamos fuerza para llegar hasta ahí”, insistió, recordando que la fe puede mover montañas, pero la generosidad de la gente les llena las manos y las mochilas para lograrlo.

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