CAMPECHE, CAMP. En Campeche, donde la selva todavía mantiene una salud ambiental destacada, un dato inquietante se ha vuelto recurrente, en los últimos dos años se ha disparado el rescate de aves especialmente durante la temporada de calor. Sin embargo, el problema surge después del hallazgo, pues en el estado no existe un sitio para rehabilitar, resguardar o poner en cuarentena a ninguna de estas especies.
Esa ausencia de infraestructura coloca a la biodiversidad en una posición vulnerable, advierte Jesús Vargas Soriano, investigador de la Universidad Autónoma de Campeche. Los meses más calurosos en el estado son entre abril y junio, lo que suelen marcar el punto crítico para la fauna alada. Estas llegan debilitadas, desorientadas o afectadas por las altas temperaturas.
Hasta ahora no existe una cifra oficial del total de aves rescatadas en los últimos dos años, pero los casos públicos ya dibujan la magnitud del problema. En junio pasado se recuperaron dos crías de tecolote bajeño que fueron entregadas a la Profepa, y recientemente se atendió a un ejemplar de pájaro-bruja en condiciones de debilidad.
Según el investigador, estos no son hechos aislados, forman parte de una serie de rescates que se repiten cada temporada de calor, aunque aún no se han dado a conocer todas las especies involucradas. “Nos dimos cuenta de que no tenemos un lugar en Campeche donde se pueda hacer una rehabilitación, donde se puedan tener las aves bajo resguardo, cuarentena”, señaló Vargas.
APOYO SENCILLO SALVA VIDAS
Ante esa falta estructural, ya se dio un primer paso, se organizó un curso-taller para ofrecer herramientas básicas a universidades, dependencias y diversas instituciones sobre cómo cuidar a las aves rescatadas, mantenerlas temporalmente en condiciones seguras y liberarlas posteriormente para que regresen a su entorno.
De igual forma, durante los meses más calurosos en el estado, instituciones como el API, participan instalando bebedores para aves, con la finalidad de ayudar a la fauna local, especialmente en épocas de calor o sequía. Por lo que tanto ellos, como Semabicce, siempre han instado a la población a instalar bebedores en casa, jardín o balcón.
Por último, el investigador reconoció que el cuidado ambiental requiere constancia, esto para que la educación ambiental sea un trabajo continúo. Insiste en que la protección de estas especies necesita la participación conjunta de academia, gobierno y ciudadanía. Mientras los rescates siguen en aumento, el futuro de estas aves depende de algo tan básico como contar —por primera vez— con un espacio donde puedan recuperarse.

